Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 25 de abril de 2026

EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS


El evangelio según san Marcos es el más antiguo de los cuatro evangelios canónicos. La mayoría de los especialistas sitúa su redacción hacia el año 60 d.C., en el contexto de la comunidad cristiana de Roma.

El autor es identificado con Juan Marcos, un cristiano de Jerusalén mencionado en los Hechos de los apóstoles. Era primo de san Bernabé y colaboró con san Pablo en la tarea apostólica. Según una antigua tradición transmitida por Papías de Hierápolis y recogida posteriormente por Eusebio de Cesarea, Marcos puso por escrito la predicación del apóstol san Pedro.

Varios indicios del texto apuntan a un ambiente romano. El evangelista utiliza numerosos latinismos y explica términos semíticos que sus lectores probablemente no comprenderían. Por ejemplo, traduce expresiones arameas pronunciadas por Jesús («Talitha kum», «Effetá») y aclara equivalencias monetarias como el «cuadrante», una moneda propia exclusivamente del ámbito romano. También incluye detalles que reflejan costumbres jurídicas del Imperio, como la posibilidad de que la mujer se divorcie del marido, algo permitido en el derecho romano, pero no en la legislación judía.

Con solo dieciséis capítulos, Marcos ofrece el relato más breve y dinámico de la vida de Jesús. Su estilo es vivo y directo: emplea con frecuencia el presente narrativo y conecta los episodios mediante expresiones como «enseguida» o «después», creando una narración ágil que conduce rápidamente al lector hacia los acontecimientos decisivos. En comparación con otros evangelios, dedica menos espacio a largos discursos y más a las acciones de Jesús: curaciones, exorcismos y gestos de autoridad que manifiestan la llegada del reino de Dios.

Podemos dividir el evangelio en dos grandes partes, de extensión semejante, precedidas por una introducción y seguidas por un apéndice canónico, unidas entre sí por una escena central.

Introducción (1,1-13): título de la obra, bautismo y tentaciones de Jesús.

Primera parte (1,14-8,26): narra la actividad de Jesús en Galilea como predicador itinerante de la buena noticia: «Ha llegado el reino de Dios». Presenta a Jesús como un profeta poderoso que enseña con autoridad, realiza signos portentosos y expulsa demonios.

Escena central (8,27-30): se plantea la pregunta decisiva sobre la identidad de Jesús: quién dice la gente que es y quién es para los discípulos. Pedro ofrece una primera respuesta: «Tú eres el mesías».

Segunda parte (8,31-16,8): describe el camino de Jesús hacia Jerusalén, sus enseñanzas sobre el servicio y la entrega, y los acontecimientos que culminan en su pasión y muerte. Precisamente en el camino de la cruz se revela su identidad más profunda.

Apéndice canónico (16,9-20): breve resumen de las apariciones del Resucitado.

El texto comienza así: «Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios» (Mc 1,1); o, dicho de otro modo: la buena noticia, que es Jesús, que es el Mesías y el Hijo de Dios. Todo el relato conduce progresivamente a esa revelación, que alcanza su expresión culminante cuando, al ver morir a Jesús en la cruz, el centurión romano proclama: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15,39).

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