Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 21 de abril de 2026

DOMINGO 4 DE PASCUA O DEL BUEN PASTOR


El cuarto domingo de Pascua está dedicado tradicionalmente a la contemplación de Cristo como el Buen Pastor. Aunque las lecturas cambian según el ciclo litúrgico, todas conducen al mismo misterio: Jesús es el pastor que conoce a sus ovejas y da la vida por ellas.

En el libro del Apocalipsis encontramos una afirmación sorprendente que ilumina este misterio: “El Cordero será su Pastor” (Ap 7,17). A primera vista parece una contradicción: el pastor y el cordero son figuras opuestas. Sin embargo, en Jesucristo ambas se unen. Él es el Pastor que guía y protege, pero también el Cordero que ha compartido la condición de las ovejas hasta las últimas consecuencias.

Precisamente por eso puede salvarnos. La Carta a los Hebreos lo expresa con palabras llenas de consuelo: “Porque fue sometido al sufrimiento y a la prueba, puede socorrer ahora a los que están bajo la prueba” (Heb 2,18). Cristo no nos guía desde fuera, sino desde dentro de nuestra historia. Conoce la fragilidad humana porque la ha asumido.

Esta imagen del cordero atraviesa toda la historia de la salvación. En el libro del Éxodo, antes de la salida de Egipto, los israelitas sacrificaron un cordero y marcaron con su sangre las puertas de sus casas; así quedaron protegidos cuando el ángel exterminador pasó por la tierra. Más tarde, en la alianza del Sinaí, la sangre de los sacrificios fue derramada sobre el altar y sobre el pueblo como signo de comunión entre Dios y su pueblo. Cada año, en la Pascua judía, se repetía el sacrificio del cordero en memoria de la liberación.

También la liturgia del gran día de la expiación, el Yom Kipur, recordaba que el pecado del pueblo necesitaba ser cargado y llevado lejos sobre un cordero. Todo esto preparaba la plenitud que llega con Cristo.

En el evangelio según san Juan, Juan el Bautista señala a Jesús con estas palabras: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29). Y el Apocalipsis contempla al Resucitado como “el Cordero degollado que está en pie sobre el trono”. El que fue sacrificado vive para siempre.

Por eso, el Nuevo Testamento puede llamarlo también “el gran Pastor de las ovejas” (Heb 13,20), “Pastor y guardián de nuestras vidas” (1Pe 2,25) y “Supremo Pastor” (1Pe 5,4). Él sigue hablando al corazón de los creyentes con una palabra llena de ternura: “No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha querido daros el Reino” (Lc 12,32).

Por tradición, en este domingo del Buen Pastor la Iglesia celebra también la jornada de oración por las vocaciones y por los pastores del pueblo de Dios. Pedimos al Señor que siga suscitando en su Iglesia pastores según su corazón, que reflejen el amor del único Pastor que dio la vida por sus ovejas. Amén.

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