Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 23 de marzo de 2016

La unción de Jesús en Betania


La Semana Santa de Jesús
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
15- La unción en Betania

Cuando «faltaban dos días para la fiesta de Pascua» (Mc 14,1; Mt 26,2), Jesús fue invitado a un banquete en casa de Simón el leproso. Durante la cena, una mujer derramó sobre su cabeza un frasco de perfume de nardo puro, muy valioso, de más de trescientos denarios (el sueldo anual de un obrero).

La valoración es, sin duda, exagerada, pero el texto indica que esta mujer no hace cálculos humanos en su entrega a Cristo: «derrama» sus bienes (o mejor, su vida) por Jesús. Preciosa imagen de un amor sincero y total.

Un don total, que no se puede medir

Precisamente en el mismo contexto de la Semana Santa, Jesús alabó la limosna de una viuda que echó en el arca más que nadie, «porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir» (Mc 12,44). 

Como ella, la mujer de Betania ha entregado todo, se ha entregado a sí misma, sin medidas ni razones.

Algunos se preguntaron: «¿Para qué este despilfarro» (Mc 14,4) y es Jesús mismo quien responde: «Para mi sepultura» (Mc 14,8). 

Es significativo que en el texto original se usa la misma partícula en la pregunta y en la respuesta para ponerlas en relación, aunque entre medias se añadan otras cosas. Jesús relaciona la unción y su muerte, ya que los cadáveres eran ungidos con perfumes antes de enterrarlos.

Los evangelistas subrayan las distintas actitudes frente a Jesús: Los jefes de Israel se habían «preparado» para acabar con Jesús; Judas se «preparaba» a entregarlo y esta mujer «preparó» su cuerpo para la sepultura. Por eso, Jesús afirma que lo que hizo esta mujer es una «buena noticia» que entra a formar parte del anuncio cristiano (Mt 26,13). 

La tensión dramática crece cuando los enemigos de Jesús encuentran un aliado en uno de sus discípulos, que se convierte en modelo de los que abandonan al maestro, de los que lo «entregan» (cf. Mt 26,15).

Una unción mesiánica

Pero este gesto esconde un significado más profundo: Como los reyes eran ungidos con perfumes preciosos, el gesto de la unción, realizado en este contexto, manifiesta que el que va a morir es verdaderamente el rey-mesías, el ungido del Señor, aquel del que se anunció: «El Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros» (Sal 45 [44],8).

También los gladiadores ungían su cuerpo antes de la lucha en la arena. Y Cristo se dispone a enfrentarse definitivamente con el enemigo de los hombres, Satanás. La unción en Betania es una preparación para el combate. 

El perfume de nardo derramado sobre la cabeza de Jesús indica su consagración real, profética y sacerdotal, su unción mesiánica; pero, al mismo tiempo, anuncia que se prepara para la lucha y la muerte, para la sepultura y el amortajamiento.

En la versión de san Juan, sucedió en la casa de Lázaro, «seis días antes de la fiesta judía de la Pascua» y fue María de Betania la que ungió los pies de Jesús (Jn 12,1). 

Por su parte, Lucas también habla de otra unción realizada por una prostituta (Lc 7,36-50). 

Esto ha llevado a una confusión, ya que algunos identifican a María de Magdala (ciudad situada en Galilea, al norte) con María de Betania (ciudad de Judea, al sur) y con la prostituta del relato de Lucas, pero son tres personas distintas. 

En los casos de María de Betania y de la prostituta se habla de una unción de los pies, un gesto de veneración bastante común en la época, por lo que pudo repetirse varias veces en contextos distintos. 

Pero en el caso de la mujer anónima de Mateo y Marcos se trata de una unción en la cabeza antes de su pasión, lo que adquiere un significado distinto, de consagración mesiánica. 

Ella no es totalmente consciente, pero está realizando un gesto profético (que cumple lo que anuncia). Por eso, «en cualquier parte del mundo donde se proclame el evangelio, se hablará de lo que esta ha hecho para memoria suya» (Mc 14,9).

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