Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 10 de abril de 2013

La Pascua según san Marcos


El evangelio de Marcos es el más antiguo de los cuatro. En su narración de la muerte y resurrección ocupan un lugar especial las discípulas de Jesús, que son las primeras destinatarias y anunciadoras del mensaje pascual.

En el momento de la muerte del Señor, cuando parecía que Jesús estaba completamente solo, «algunas mujeres contemplaban la escena desde lejos. Entre ellas María Magdalena, María, la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé, que habían seguido a Jesús y lo habían servido cuando estaba en Galilea. Había, además, otras muchas que habían subido con Él a Jerusalén» (Mc 15,40-41).

Después del suplicio, José de Arimatea pide a la autoridad el cuerpo de Jesús y lo entierra. Por su parte, «María Magdalena y María, la madre de José, observaban dónde lo ponían» (15,47). En el silencio del calvario y del sepulcro, cuando todos se retiran, quedan ellas, como signo de fidelidad por encima de la muerte.

«Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús…» (16,1-8). Estamos ante la historia de unas mujeres que buscan el cuerpo muerto de Jesús, para ungirlo con perfumes y llorar por su triste final. El viernes sucedió todo tan rápido que no tuvieron tiempo de preparar el cadáver con las últimas muestras de afecto que recomienda la tradición judía.

«Vayan y digan a Pedro y a sus Discípulos». Con estas palabras de envío se convierten en mensajeras, en apóstolas de los apóstoles. La fe de la Iglesia naciente no se construye sobre las obras de los hombres, sino sobre la fragilidad de un testimonio que en su momento no era válido en los tribunales civiles. Dios elige a lo débil del mundo para confundir a lo fuerte. Dentro de la tumba vacía reciben la palabra de un mensajero que las manda a Galilea, para reiniciar allí, con los discípulos y con Pedro, el camino del seguimiento de Jesús, la vida de la Iglesia.

Las mujeres contaron a los discípulos esta historia para la que faltan palabras, aunque ellos no las creyeron (en el relato de los discípulos de Emaús, en Lucas, así lo confiesan, por lo que Jesús los riñe). Por eso han sido y siguen siendo las hermanas primeras, garantes del principio de la Iglesia, del Cristo hecho palabra que se anuncia a todos los hombres.

A todas las mujeres creyentes, marías, martas, magdalenas y salomés de nuestros días: ¡Gracias! Pueden profundizar en el tema de la Pascua según san Marcos aquí. Y aquí hablamos de la relación de Jesús con las mujeres.

1 comentario:

  1. Apostolas de los apóstoles, solo a Jesús puede tener tal sentido del humor.Entonces se pone a caminar con los discípulos de Emaus que no le reconocen y cuando va a seguir de largo ellos le piden que se quede con ellos y desaparece al partir el pan.
    A ver si ellos entienden que ya no le verían en persona sino en la eucaristía.
    Enserio que Jesús nunca se fue.
    Las mujeres no lo querían dejar ir,pero hombres darían luego la vida por la palabra de sus Maestro y por los que creían en ellas, como Jesús mismo había echo.
    Jesús,gracias por los que en la tierra te representan y parten tu pan para nosotros.

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