San Marcos ocupa un lugar singular en los orígenes del cristianismo, porque su figura se sitúa en la confluencia entre los primeros testigos de Jesús y la generación apostólica que transmitió su memoria a las comunidades. Aunque no perteneció al grupo de los Doce, estuvo muy cerca de los acontecimientos fundacionales de la Iglesia y de algunos de sus principales protagonistas.
Según el libro de los Hechos de los apóstoles, la comunidad cristiana primitiva de Jerusalén se reunía en casa de María, la madre de Marcos (cf. Hch 12,12). Esto sugiere que su familia pertenecía al círculo cercano de los primeros discípulos. Por ello, muchos autores consideran probable que Marcos conociera personalmente a Jesús cuando era un niño. Algunos intérpretes han visto incluso una discreta referencia autobiográfica en el episodio del joven que huye desnudo cuando Jesús es arrestado en Getsemaní (cf. Mc 14,51-52), un detalle que solo aparece en el segundo evangelio y que la tradición antigua ha relacionado con el propio Marcos.
Su nombre completo era Juan Marcos, como aparece en los Hechos (Hch 12,12). Pertenecía a una familia judía de Jerusalén, pero llevaba un nombre hebreo (Juan) y otro latino (Marcos), lo que refleja el ambiente cultural mixto del judaísmo de la época.
Era primo de Bernabé (cf. Col 4,10), levita originario de Chipre que fue una figura muy importante en la primera expansión misionera de la Iglesia. De hecho, fue Bernabé quien buscó a Pablo en Tarso para incorporarlo a la misión en Antioquía (cf. Hch 11,25-26).
Marcos acompañó a Pablo y a Bernabé en el comienzo del primer viaje misionero (cf. Hch 12,25; 13,5). Sin embargo, en un momento determinado regresó a Jerusalén (cf. Hch 13,13). El texto no explica las razones de esta decisión, pero parece deberse a que era muy joven y no estaba preparado para una experiencia tan difícil. Esto provocó cierta tensión, porque cuando más tarde Bernabé quiso volver a llevarlo consigo, Pablo se opuso. El desacuerdo fue tan fuerte que ambos apóstoles se separaron: Bernabé partió hacia Chipre con Marcos, mientras que Pablo emprendió un nuevo viaje con Silas (cf. Hch 15,37-40).
Con el paso del tiempo, sin embargo, las relaciones se restablecieron. Las cartas de Pablo escritas durante su cautividad mencionan de nuevo a Marcos entre sus colaboradores (cf. Col 4,10; Flm 24), y en la segunda carta a Timoteo el apóstol pide expresamente que lo lleven consigo, porque «me es muy útil para el ministerio» (2Tim 4,11). Este detalle muestra que Marcos acabó siendo plenamente reconocido dentro del círculo apostólico.
Además de su relación con Pablo, Marcos estuvo estrechamente vinculado al apóstol Pedro. En la primera carta de Pedro aparece mencionado como «mi hijo Marcos» (1Pe 5,13), una expresión que probablemente indica una relación espiritual muy cercana.
Desde muy antiguo la tradición cristiana ha sostenido que Marcos fue intérprete o colaborador de Pedro y que su evangelio recoge la predicación del apóstol. El testimonio más antiguo en este sentido es el de Papías de Hierápolis (siglo II), transmitido por Eusebio de Cesarea, según el cual Marcos escribió con fidelidad lo que recordaba de las enseñanzas de Pedro, aunque no en forma estrictamente ordenada.
El evangelio de Marcos refleja bien esta cercanía a Pedro. Es el evangelio que menciona con mayor frecuencia su nombre y no oculta en absoluto sus debilidades: su incomprensión ante las palabras de Jesús, su miedo durante la pasión o su negación en la noche del arresto. Este realismo coincide con el tono de los discursos de Pedro recogidos en los Hechos de los apóstoles (cf. Hch 1,21-22; 10,37-41), donde el anuncio cristiano se centra en la vida pública de Jesús, su muerte y su resurrección.
La mayoría de los estudiosos considera hoy que el evangelio según Marcos fue el primero de los cuatro en escribirse, hacia el año 60. Antes de él ya circulaban en las comunidades diversas tradiciones orales y pequeñas colecciones escritas: relatos de milagros, parábolas, palabras de Jesús o narraciones de la pasión. Marcos recogió y organizó este material en una obra continua, dando así forma literaria al género que desde entonces se llamó «evangelio».
Varios indicios sugieren que el evangelio fue redactado para cristianos procedentes del mundo pagano. Marcos explica costumbres judías, traduce palabras arameas de Jesús y utiliza algunos latinismos en su vocabulario. Muchos testimonios antiguos sitúan su redacción en Roma, donde, según la tradición, Marcos habría recogido la predicación de Pedro para ponerla por escrito al servicio de la Iglesia.
De este modo, el evangelista Marcos aparece como un testigo que supo conservar y transmitir con gran fidelidad la memoria viva de Jesús tal como la proclamaban los apóstoles. Su obra, breve y sobria, conserva la fuerza del primer anuncio cristiano: la buena noticia de que en Jesucristo, crucificado y resucitado, Dios ha inaugurado definitivamente su Reino.
Parece ser que vivió sus últimos años en Alejandría de Egipto, donde sufrió el martirio. Los coptos de Egipto lo consideran su evangelizador y lo tienen por patrón principal.
El año 828 trasladaron su cuerpo a Venecia, donde se conserva hasta el presente en la impresionante basílica que se construyó en su honor. Su símbolo es el león. Su fiesta se celebra el 25 de abril.

Muy bonita la alegoría de San Marcos en Egypto con Alejandría al fondo.
ResponderEliminarGracias por compartir.