También ha dejado una huella profunda en el arte. Basta pensar en las numerosas representaciones del Buen Pastor en las catacumbas de los primeros siglos: allí aparece Jesús como un joven sin barba, vestido con una túnica corta de pastor, con un zurrón al hombro y una oveja sobre sus espaldas. La escena transmite una extraordinaria ternura: la cabeza del pastor se inclina suavemente hacia el animal que lleva consigo, como quien protege con cariño aquello que ama.
En la liturgia cristiana este salmo ocupa un lugar privilegiado. Se proclama como salmo responsorial en diversas fiestas del Señor y la Iglesia lo propone con frecuencia en celebraciones significativas de la vida humana: bautizos, matrimonios o funerales. No es difícil comprender por qué. Se trata de un poema de gran belleza, que expresa con imágenes sencillas y profundamente humanas la experiencia de quien se sabe acompañado por Dios. El creyente descubre en él sentimientos de paz, de confianza y de seguridad, como quien se siente guiado por un pastor atento que conoce bien el camino.
Uno de los versos más conocidos del salmo dice: «Aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal temeré». La seguridad que ofrece el pastor es tan grande que el orante se siente capaz de atravesar incluso el valle más oscuro. El valle infunde temor porque puede ocultar peligros, porque la oscuridad impide ver el camino y porque las tinieblas evocan la fragilidad de la vida humana.
Para hablar de esa oscuridad el salmo utiliza una palabra hebrea muy poco frecuente: «salmawet». En ella resuena el término «mawet», que significa «muerte». Podría traducirse como «oscuridad de muerte» o «sombras mortales». La antigua traducción griega de la Biblia lo expresa con gran fuerza: «aunque camine por el valle de la muerte, no temo, porque tú estás conmigo». Así, en medio de la dulzura del salmo aparece discretamente la conciencia de nuestra condición mortal. Y, sin embargo, la poesía bíblica logra algo admirable: incluso cuando tenemos que entrar en el valle de la muerte, la última palabra no es el miedo, sino la confianza en la presencia fiel de Dios, que nos ayudará a atravesarlo con éxito.
Muchas gracias P Eduardo
ResponderEliminarGracias padre Eduardo, es un salmo que encajó perfectamente en el alma del creyente y conozco 2 conversos que hicieron del mismo un himno de vida. De hecho mi hija cuando tenía 4 años fue el primer salmo que conoció y recitó.
ResponderEliminarQué bonito domingo viviéndolo en la confianza de Jesús. Gracias.
Gracias P. Eduardo. Deseando se encuentre bien. 🙏
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