Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 5 de marzo de 2016

¿Qué diferencia hay entre enamoramiento y amor?


He dedicado las tres entradas anteriores a compartir las primeras páginas de mi libro «Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre». Con la de hoy concluyen los temas introductorios y los que yo comparto por este medio de momento. Este es el esquema general:

1. «El nombre de Dios es misericordia»
2. ¿Qué es la misericordia?
3. La misericordia en la Biblia
4. ¿Qué diferencia hay entre enamoramiento y amor?
5. Dios no nos trata como merecen nuestros pecados
6. La misericordia de Dios se revela en la predicación de Jesús
7. La misericordia de Dios se revela en las comidas de Jesús con los pecadores
8. La misericordia de Dios se revela en las actitudes de Jesús
9. La misericordia de Dios se revela en la «entrega» de Jesús
10. Santa Teresita nos explica la «justicia» de Dios
11. Nuestra respuesta a la misericordia de Dios
12. Misericordiosos con los lejanos
13. Misericordiosos con los cercanos
14. Misericordiosos con todas las criaturas
15. Misericordiosos con nosotros mismos
16. Conclusión
17. Preguntas para la reflexión

Con la palabra «caridad» sucede como con la palabra «misericordia», que no tiene un único sentido, por lo que no es fácil de definir. Baste decir que del «jaris» griego derivan las palabras españolas ‘caridad’, ‘gratuidad’, ‘gratis’, ‘Gracia’, ‘querido’, ‘gracioso’... 

En griego hay varias palabras para nombrar el amor, cada una con sus connotaciones específicas, que son difíciles de conservar al traducirlas. A diferencia del «eros» (amor de ‘atracción’) y del «philía» (amor de ‘amistad’), el «agapé» es un amor absolutamente libre y gratuito, que trabaja por el bien y la felicidad de la persona amada, que se da sin esperar nada a cambio. 

Aquí no podemos profundizar en el uso que hace la Biblia de cada una de estas palabras pero, antes de seguir adelante, nos detendremos a analizar la diferencia entre el amor-enamoramiento («eros») y el amor-caridad («agapé») ya que, como decía santa Teresa de Jesús, «al amor le tienen robado el nombre».

El «eros»

El enamoramiento es una atracción natural, que nos hace sentirnos a gusto con determinadas personas (lo podemos identificar con la «empatía» clásica y con el «feeling» contemporáneo). 

Algunos nos atraen por su físico y otros por su simpatía o por sus valores intelectuales o morales (la inteligencia, la paciencia, la bondad). También nos sentimos a gusto con las personas que piensan como nosotros o que comparten nuestros intereses.

La atracción es una realidad natural, de orden psíquico, expresión de nuestros deseos, ilusiones, pasiones o necesidades, que desemboca en la creación de sociedades para desarrollar esos intereses: clubes de fútbol, de cazadores, de fans de un artista, o en el mismo matrimonio.

Normalmente, este amor psíquico se hace su propia imagen del prójimo, de lo que es y de lo que debería ser. De forma consciente o inconsciente, quiere usarlo para el propio bienestar. Al fin y al cabo, lo más importante en el enamoramiento soy yo mismo (la satisfacción de mis necesidades, mi bienestar, mi diversión, mi utilidad). 

Por eso digo: «Yo» me siento bien a tu lado, «yo» disfruto de tu compañía, «yo» gozo cuando estás conmigo, etc. En el matrimonio y en otros casos, lo normal es que el enamoramiento se termine transformando en amor (aunque, por desgracia, no siempre es así).

El «agapé»

La caridad es otro tipo de amor más profundo. A diferencia del enamoramiento, no busca satisfacer los propios intereses o las propias necesidades, sino que solo desea el bien de la persona amada, su crecimiento, su felicidad. 

Es un amor gratuito y desinteresado; es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de los que amamos. 

La esencia de la caridad es «trabajar» por alguien y ayudarle a crecer: Quiero que la persona amada desarrolle sus capacidades, que sea feliz, y hago lo posible para conseguirlo, aunque a veces me cueste. No deseo hacer de ella una fotocopia mía ni servirme de ella para mi bienestar.

Si de verdad amo a la otra persona, me siento uno con ella, pero con ella tal cual es, no como yo quiero que sea. 

La caridad significa aceptación del otro como es aquí y ahora, sin esperar a que cambie para ayudarle. Es también una mirada de fe para descubrir lo buena que esa persona puede llegar a ser si se le da una oportunidad. 

La caridad asume el riesgo de que el otro no aproveche la ayuda que se le da, o incluso que la rechace, y siempre está dispuesta a ofrecer una nueva oportunidad. Santa Teresita dice: «Amar es darlo todo y darse uno mismo».

La mejor definición de la caridad la da san Pablo: «El amor es paciente y bondadoso; no tiene envidia, ni orgullo, ni jactancia. No es grosero ni egoísta; no se irrita ni lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que encuentra su alegría en la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta. El amor no pasará jamás» (1Cor 13,4-7). 

Por eso, el amor perfecto es muy difícil de encontrar entre los hombres, aunque podemos descubrir un modelo sin limitaciones en Jesucristo, que nos ha revelado que «Dios es amor» (1Jn 4,8) y nos ha enseñado que en el cristianismo no se pueden separar el amor a Dios y el amor al prójimo.

Jesucristo también nos ha indicado dónde está la plenitud del amor humano cuando afirmó: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). 

Como veremos al hablar de la «entrega» de Jesús, él lo cumple de tal manera que nos ha transformado en «amigos» suyos, aunque con nuestro comportamiento éramos sus «enemigos».

Comentando ese texto, el papa Francisco afirma: «Estas palabras, pronunciadas durante la última Cena, resumen todo el mensaje de Jesús; es más, resumen todo lo que él hizo: Jesús dio la vida por sus amigos. Amigos que no lo habían comprendido, que en el momento crucial lo abandonaron, traicionaron y renegaron. Esto nos dice que él nos ama aun sin ser merecedores de su amor: ¡así nos ama Jesús! […] Esta Palabra del Señor nos llama a amarnos unos a otros, incluso si no siempre nos entendemos y no siempre estamos de acuerdo… pero es precisamente allí donde se ve el amor cristiano. Un amor que también se manifiesta si existen diferencias de opinión o de carácter, ¡pero el amor es más grande que estas diferencias! Este es el amor que nos ha enseñado Jesús. Es un amor nuevo porque lo renueva Jesús y su Espíritu. Es un amor redimido, liberado del egoísmo» (Ángelus, 10-5-2015).

El enamoramiento es un sentimiento, mientras que el amor es una virtud. Estar enamorado es más fácil que amar. Hasta el punto de que un enamorado puede «desenamorarse» de su pareja (aunque le cueste), pero alguien que ama no puede dejar de amar. 

Si estás enamorado, necesitas de la otra persona para ser feliz; si amas, necesitas hacer feliz a la persona amada.

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