Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 4 de febrero de 2018

¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!


San Pablo, en la segunda lectura de la misa de hoy, afirma: "Me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos".

Él era consciente de haber recibido la misión de evangelizar y se entregó con cuerpo y alma a la tarea, afirmando también: "¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!"

Todos los cristianos hemos recibido la misma misión de Jesús: "Id al mundo entero y anunciad el evangelio". Cada uno lo tiene que hacer conforme a su vocación particular, a su estado de vida y a sus capacidades, pero hemos de ser conscientes de que el anuncio del evangelio es tarea de todos los bautizados.

He hablado del evangelio de hoy en esta entrada:

La vida pública de Jesús. El evangelio de hoy nos explica en qué ocupaba Jesús su tiempo, a qué se dedicó durante los tres años de la vida pública. En primer lugar nos recuerda que Jesús era un predicador. En segundo lugar nos recuerda su victoria sobre el mal. En tercer lugar nos habla de sus "milagros": "Curó a muchos enfermos de diversos males". Por último, el evangelio nos recuerda que Jesús se retiraba a la soledad para orar. No solo hace cosas en favor de los hombres. También busca tiempo para estar a solas con el Padre del cielo, aunque sea quitándolo al descanso. De hecho, la oración es el motor para todas las otras actividades.

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