Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 22 de febrero de 2015

El Espíritu empujó a Jesús al desierto (Mc 1,12)


El Espíritu Santo, que descendió sobre Jesús en el momento de su bautismo, a continuación lo empujó al desierto, al retiro, a la soledad, al silencio. Más tarde, movido siempre por el mismo Espíritu, Jesús se dedicará a la predicación y a realizar obras de misericordia con los enfermos y necesitados.

Cada uno de nosotros está llamado a dejarse iluminar por el Espíritu Santo, como Jesús, y a dejarse "empujar" por el Espíritu en estas dos dimensiones: la oración en soledad y las obras de misericordia. Ambas cosas son necesarias y complementarias.

No me alargo más hablando del desierto y de las tentaciones de Jesús, porque ya lo hice con cierto detenimiento aquí.

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