Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 18 de febrero de 2016

Los números de la Cuaresma


Aunque ya he hablado de estos temas en otras entradas de los años pasados, recojo aquí una reflexión sobre el simbolismo de los cuarenta días y de las seis semanas de Cuaresma.

Los 40 días 

La palabra latina «Quadragesima» hace referencia al número 40. La liturgia recuerda que este periodo de preparación a la Pascua surgió por el deseo de imitar el retiro de Jesús en el desierto, al inicio de su vida pública: «[Jesús], al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal». 

Pero, ¿por qué Jesús se retiró durante ese preciso periodo de tiempo? Debemos recordar que la Biblia hace un uso abundante del simbolismo de los números, que hay que saber interpretar para comprender su mensaje.

En concreto, el número 40 aparece más de cien veces, pero pocas con un significado matemático. 

Recordemos que, en la antigüedad, morían muchos niños y los adultos vivían unos 40 años. Solo una minoría superaba esa edad. 

Por eso, era el símbolo de una generación, de una vida, de un tiempo suficientemente largo para realizar algo importante.

La vida de Moisés es un ejemplo claro. Murió con 120 años (Dt 34,7), que san Esteban divide en tres etapas de 40: el tiempo que pasó en Egipto, adorando a los dioses falsos, el tiempo que pasó en el desierto, purificándose, y el tiempo que vivió al servicio de Dios y de su pueblo (Hch 7,20-40). Es como si hubiera vivido tres «vidas».

En otros textos sucede algo similar. Isaac se casó con Rebeca a los 40 años (Gén 25,20) y también su hijo Esaú (Gén 26,34). Es el tiempo que Israel, guiado por Moisés, caminó por el desierto (Dt 29,4), que duró el reinado de David (1Re 2,11) y que Job vivió felizmente, después de sus desgracias (Job 42,16).

Igual que 40 años significan una vida, 40 días significan un tiempo suficientemente largo para que se realice algo importante. 

Es lo que duró el diluvio (Gén 7,12), el tiempo que Moisés pasó en oración antes de recibir las tablas de la Ley (Ex 24,18), lo que tardaron sus enviados en explorar la Tierra Prometida (Núm 13,25) y lo que Elías anduvo antes de encontrarse con Dios (1Re 19,8). Jonás anunció la destrucción de Nínive a los 40 días (Jon 3,4). 

Jesús fue presentado en el templo a los 40 días de su nacimiento (Lc 2,22), como mandaba la Ley (Lev 12). Como ya hemos dicho, es lo que duró su permanencia en el desierto (Mt 4,2) y, después de la resurrección, se apareció también durante 40 días (Hch 1,3). 

Por otra parte, los que cometen un delito deben recibir un máximo de 40 azotes, ya que superar ese número sería un exceso irracional (Dt 25,3).

Con estas premisas, la Cuaresma supone el tiempo necesario, el tiempo completo, el tiempo oportuno que la Iglesia nos ofrece para nuestra salvación.

Además de evocar varios acontecimientos bíblicos, algunos Santos Padres de los primeros siglos dieron un significado distinto al 40: 

Es el resultado de multiplicar un número cósmico (el 4, imagen de los cuatro confines de la tierra) por un número moral (el 10, en referencia al Decálogo). 

Así, los Padres encontraron en el ayuno de 40 días una recapitulación de toda la historia de la humanidad, con sus desobediencias y sus esperanzas, que Jesús asume en sí.

Por último, aunque sean pocos, hay que recordar que algunos autores antiguos hacen derivar los 40 días de ayuno de las 40 horas que el cuerpo de Cristo permaneció en el sepulcro.

Las 6 semanas

También fueron interpretadas simbólicamente por los Santos Padres. 

En la Biblia, el 7 es un número perfecto, «divino». Se usa para indicar que algo posee la plenitud, como la creación de Dios (Gén 1) o el libro de los 7 sellos, que contiene los designios de Dios sobre la historia (Ap 5,1).

Por el contrario, el 6 indica que algo no está completo. Se pueden recordar las tinajas de Caná (Jn 2,6) o el número de la bestia inmunda, «que es número humano, el 666» (Ap 13,18).

Además, el séptimo día es de descanso, mientras que los seis previos son de trabajo. 

Eusebio de Cesarea (siglo IV) afirma que, igual que Dios trabajó durante seis días y el séptimo descansó, los cristianos deben esforzarse en trabajos espirituales durante seis semanas (la Cuaresma) antes de vivir las siete semanas de Pascua, que son el anticipo de la vida eterna:

«Después de Pascua, celebramos Pentecostés durante siete semanas íntegras, de la misma manera que mantuvimos virilmente el ejercicio cuaresmal durante seis semanas antes de Pascua. El número seis indica actividad y energía, razón por la cual se dice que Dios creó el mundo en seis días. A las fatigas soportadas durante la Cuaresma sucede justamente la segunda fiesta de siete semanas, que multiplica para nosotros el descanso, del cual el número siete es símbolo».

San Juan pone de relieve que, en Caná, el agua que Jesús transformó en vino se encontraba en 6 tinajas de las que los judíos usan para los baños de purificación ritual antes de la boda. 

Al transformar el agua de esas tinajas en vino, indica que aquellos ritos preparaban el banquete de bodas entre Cristo y su Iglesia. 

Las 6 semanas de Cuaresma son como las 6 tinajas de la purificación. Indican el tiempo del noviazgo, el tiempo dedicado a la limpieza, para que todo esté preparado el día de la boda. 

La semana séptima se celebra la Pascua, las bodas del Cordero.

2 comentarios:

  1. Wow Padre! Cuanto aprendizage! Me parece hermoso entrar en la comprención de estos maravillosos datos.Muchas gracias...maggie.

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  2. Querido amigo y profesor, las gracias le doy por este acertado y detallado resumen que utilizare esta noche en una comunidad del movimiento "Matrimonio Feliz" en el que me han pedido una breve explicacion del origen de la Cuaresma.
    Gracias y esperando verlo pronto.
    Jose Grau

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