Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 23 de noviembre de 2017

La oración de agradecimiento


Hoy (cuarto jueves de noviembre) se celebra en Estados Unidos el popular "Thanksgiving", el “día de acción de gracias”.

Su origen remoto está en la fiesta judía de "Sucot", de origen bíblico, que se sigue celebrando en otoño y sirve a los israelitas para dar gracias a Dios por las cosechas del año agrícola que termina y para disponerse a preparar la tierra para el nuevo año agrícola.

La Iglesia católica heredó esa costumbre y, durante siglos, mantuvo unos días especiales para dar gracias a Dios en primavera, verano, otoño e invierno, que eran llamados las “témporas”.Se tienen referencias a su celebración desde tiempos del Papa Calixto I († 222). 

Tal como explica san León Magno († 461) en sus sermones, cuatro veces al año (quatuortempora, de ahí su nombre), al terminar cada una de las estaciones meteorológicas y como inicio de la nueva, la Iglesia hacía una parada en su camino y proponía unos días de reflexión para ayudar a los cristianos a comprender que los frutos de la tierra son don de Dios, no dependen únicamente de nuestro esfuerzo, por lo que debemos ser agradecidos. 

Actualmente, cada Conferencia episcopal determina cuándo y cómo se celebran en su país. 

En España, por ejemplo, el 5 de cotubre se celebra una “Jornada de acción de gracias y de petición”, con formularios propios para la misa y el oficio divino. No tienen la aceptación popular del Thanksgiving, pero es bueno que los cristianos conservemos cada año días específicos para dar gracias a Dios.

Ese día se reza el prefacio IV del Tiempo Ordinario, que dice así: “Es justo y necesario darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Pues aunque no necesitas nuestra alabanza, ni nuestras bendiciones te enriquecen, tú inspiras y haces tuya nuestra acción de gracias, para que nos sirva de salvación, por Cristo, Señor nuestro”.

Este texto nos dice claramente que con nuestra acción de gracias no “enriquece a Dios”, pero nos hace bien a nosotros, ¿en qué sentido?

En primer lugar, porque nos hacen comprender que el fin primordial de la oración no es la relajación del cuerpo, ni el control de los sentidos, ni la desintoxicación de la mente, ni aún obtener favores de Dios. La armonía interior y la paz de la conciencia son frutos que se pueden obtener de la oración, pero no su fin ni su justificación.La razón de la oración es Dios mismo. Quien se sabe amado por él, se siente empujado interiormente a dar gracias con todo el corazón a “aquel que nos ha amado primero” y que, con su amor, ha dado sentido a nuestra existencia.

En segundo lugar, porque la oración de agradecimiento es una cura contra nuestro egoísmo natural. Efectivamente, cuando “caemos en la cuenta de que Dios nos ha creado por amor, nos ha redimido por amor y nos ha rodeado de miles de beneficios desde antes de nuestro nacimiento” (cfr. prólogo del Cántico espiritual de san Juan de la Cruz), solo podemos postrarnos agradecidos en su presencia, sin esperar nada más a cambio, con el único deseo de estar con él.

Esto no excluye la plegaria de petición o de intercesión, pero nos recuerda que lo primero en nuestra relación con Dios tiene que ser el agradecimiento. Solo quien sabe agradecer lo que ya ha recibido podrá seguir recibiendo dones mayores.

La liturgia de las horas nos regala unos textos preciosos para dar gracias a Dios en cada momento de la jornada:

Oración de la mañana

Gracias, Señor, por la aurora;
gracias, por el nuevo día;
gracias, por la eucaristía;
gracias, por nuestra Señora.
Y gracias, por cada hora
de nuestro andar peregrino.
Gracias, por el don divino
de tu paz y de tu amor,
la alegría y el dolor,
al compartir tu camino. Amén.

Oración del mediodía

El trabajo nos urge, nos concentra y astilla;
poco a poco, la muerte nos hiere y purifica.
Señor del universo, con el hombre te alías;
en nuestra actividad, tu fuerza cómo vibra.
Señor de los minutos, intensa compañía,
gracias por los instantes que lo eterno nos hilan.
Gracias por esta pausa contigo en la fatiga;
contigo hay alegría. Amén.

Oración de la noche

Gracias, porque al fin del día
podemos agradecerte
los méritos de tu muerte,
y el pan de la Eucaristía,
la plenitud de alegría
de haber vivido tu alianza,
la fe, el amor, la esperanza
y esta bondad de tu empeño
de convertir nuestro sueño
en una humilde alabanza. Amén.

Escribí esta reflexión para la revista "Orar", que la ha publicado en su último número. Tienen información sobre la revista en este enlace.

1 comentario: