Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 16 de noviembre de 2014

Somos responsables de los talentos recibidos


En el evangelio de hoy Jesús nos habla de un rey que reparte talentos entre sus súbditos para que negocien con ellos y los hagan fructificar.

El "talento" era la cantidad de plata que cabía en un ánfora (unos 30 kilos), por lo que no estamos hablando de pequeñas cantidades o de cosas sin valor. Dios ha confiado a sus siervos dones verdaderamente valiosos y preciosos, "a cada uno según su capacidad".

Este es un tema muy querido para santa Teresa de Jesús, que no se cansa de decir que nuestra alma es como un palacio lleno de tesoros, de capacidades (físicas, psíquicas y espirituales) que Dios nos ha concedido para que los desarrollemos.

Para ella, la humildad no consiste en decir "yo no sé, yo no puedo, yo no valgo". Por el contrario, la verdadera humildad conlleva la aceptación gozosa de nuestras capacidades, asumiendo que las hemos recibido, por lo que no podemos vanagloriarnos de ellas. 

Despreciar los propios dones es una falsa humildad, que puede hacer mucho daño: «No haga caso de unas humildades que hay, […] que les parece humildad no entender que el Señor les va dando dones. Entendamos bien, bien, como es de verdad, que nos los da Dios sin ningún merecimiento nuestro […]. Creer que no somos capaces de grandes bienes, acobarda el ánimo» (V 10, 4-6).

Ella insiste en que Dios ha hecho a cada uno de nosotros más hermoso y valioso de lo que podemos imaginar. Como no podemos comprender la grandeza y hermosura de Dios, tampoco podemos comprender del todo la grandeza y hermosura del alma humana, pero intuimos algo cuando recordamos que ha sido creada a su imagen y semejanza.

También afirma que si no entramos dentro de nosotros y no descubrimos los dones personales que Dios nos ha concedido, tampoco los podemos desarrollar, por lo que no crecemos, sino que nos quedamos "enanos".

De hecho, para santa Teresa la perfección cristiana coincide con la plenitud humana, con el desarrollo de todas nuestras capacidades.

Por lo tanto, todos hemos recibido varios talentos que tenemos que desarrollar, porque son un don y una responsabilidad, como sigue recordando santa Teresa: "Querríalas mucho avisar que miren no escondan el talento, pues que parece las quiere Dios escoger para provecho de otras muchas, en especial en estos tiempos que son menester amigos fuertes de Dios para sustentar los flacos".

¡Feliz domingo a todos!

1 comentario:

  1. Ayúdanos, Señor, a entender que hemos recibido justo lo necesario para ser como el Padre quiere que seamos y para realizar la obra que se nos ha encargado de instaurar tu Reino de justicia y paz, aquí y ahora.

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