Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 23 de noviembre de 2014

Jesucristo rey del universo


El año litúrgico termina con la fiesta de Jesucristo, rey del universo.

En el evangelio de la misa de este año (ciclo "a") se leen las palabras de Jesús: «Venid, benditos de mi Padre, y heredad el Reino preparado para vosotros  desde antes de la creación del mundo». 

Este es el mensaje central de la liturgia del  día: Dios tiene un proyecto eterno sobre nosotros, un proyecto previo a la creación del mundo, un maravilloso proyecto de amor. Hemos sido creados para heredar su  Reino, para participar de su misma vida, para heredar una bendición.

Con la fiesta de Cristo Rey termina el año litúrgico, y este es el mensaje que las  celebraciones de todo el año nos han intentado transmitir. 

En navidad celebramos  que el Hijo de Dios se ha hecho hombre para buscar a la oveja que estaba perdida. Es lo que dice el profeta Ezequiel en la primera lectura de hoy: «Yo mismo  en persona buscaré a mis ovejas […] y las libraré, sacándolas de todos los lugares  por donde se dispersaron». 

Al contemplar su vida pública se nos anuncia que su  predicación y sus milagros fueron la obra del Buen Pastor, tal como canta el salmo del día: «El Señor es mi pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace  recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas». 

Su muerte en  la Cruz es la ofrenda de su propia vida para convertirnos en herederos del Reino, tal  como reza el prefacio: «Ofreciéndose a sí mismo como víctima perfecta y  pacificadora en el altar de la Cruz, consumó el misterio de la redención humana».

Su gloriosa resurrección y ascensión al cielo es la apertura de las puertas del  Paraíso, tal como recuerda san Pablo en la segunda lectura de hoy: «Cristo resucitó de  entre los muertos, el primero de todos, como primicia». 

Las celebraciones anuales en memoria de los santos son un testimonio de que una muchedumbre nos  precede y nos espera en el Reino. 

Definitivamente, estas pocas palabras condensan  toda la liturgia de la Iglesia: «Venid, benditos de mi Padre, y heredad el Reino preparado para vosotros desde antes de la creación del mundo».     

El terrible drama que se plantea es que Dios ha preparado para nosotros su Reino y quiere acogernos en él desde toda la eternidad, pero respeta nuestra libertad, no  nos fuerza. 

Si escuchamos sus palabras y nos revestimos de sus sentimientos de compasión y misericordia, visitando a los enfermos, compartiendo lo que tenemos  con los necesitados, acogiendo a los emigrantes, alimentando a los hambrientos… las puertas del Reino se nos abrirán automáticamente. 

Pero si, por el  contrario, nos cerramos ante el sufrimiento de los hermanos, nos desinteresamos  de sus problemas, nos encerramos en nuestro egoísmo… nos estamos  autoexcluyendo del Reino. 

A la tarde te examinarán en el amor (San Juan de la Cruz).

2 comentarios:

  1. A simple vista, no parece tan dificil entrar en el reino, solo hay que hacer lo que hagamos con amor, pero ¡¡Ay cuando se intenta poner en practica!! Entoces me doy cuenta, que no quiero a todos como deberia, que incluso haciendo lo que debo, me cuesta mucho, por que no pongo el suficiente amor.
    Señor, llename tu de tu amor, para que yo pueda repartir amor. Amen. Fina.

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  2. En la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo hacemos nuestra la oración del Papa.
    “Que los santos con su ejemplo e intercesión, hagan crecer en nosotros la alegría de caminar en la vía del Evangelio, la decisión de tomarlo como brújula de nuestra vida.
    “Sigamos sus huellas imitemos su fe y su paridad, para que nuestra esperanza se revista de inmortalidad. No nos dejemos distraer por otros intereses terrenos pasajeros. Y nos guía hacia el reino de los cielos, la Madre, María, Reina de todos los santos. Amén". (S.S. Francisco)

    Fina nos alegra encontrarte en el blog, recibe un fuerte abrazo.
    Javier y Conchita

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