Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 20 de septiembre de 2015

El que acoge a un niño en mi nombre me acoge a mí


El domingo pasado leímos en el evangelio de la misa la pregunta de Jesús a sus discípulos: ¿Quién soy yo para vosotros. Pedro respondió que Jesús es el mesías. Entonces Jesús les explicó qué tipo de mesianismo es el suyo: el del servicio y la humildad. Pedro no estaba de acuerdo y Jesús le hace comprender que no hay otro camino para él y los suyos. Era el primer anuncio de la pasión.

Hoy hemos leído la continuación, que es mucho más dura y desalentadora, ya que los otros discípulos ni siquiera escucharon lo que decía Jesús, ya que estaban muy ocupados en discutir quién de ellos era el mejor, el primero, el más digno. Jesús hace el segundo anuncio de la pasión y los suyos ni siquiera lo escuchan.

He explicado este evangelio en la entrada titulada "El mesianismo de Jesús".

Tal como hice la semana pasada, les propongo un texto del teólogo Hans Urs von Balthasar, que nos ayuda a comprender mejor el texto:

En el evangelio de hoy aparece la enseñanza de Jesús a sus discípulos: él será entregado en manos de los hombres, lo matarán y resucitará al tercer día. Pero es él mismo el que determina su destino, no sus enemigos; y lo hace con una libertad suprema, como obra de su voluntad firme y decidida, obediente a Dios. 

Los discípulos, después de haber oído esta enseñanza sin haber comprendido una palabra de la misma, discuten entre sí sobre quién es el más grande o el más importante. Ser grande y poderoso se opone a la paciencia y a la moderación de que Cristo hace gala. 

Entonces Jesús, cuya predicción no encuentra ningún eco entre los suyos, toma a un niño en sus brazos para manifestar que el más grande, Dios, manifiesta su grandeza humillándose y poniéndose en el último lugar como servidor de todos; y el niño, el más débil de los seres humanos, que por esencia ha de ser cuidado y acogido, es el símbolo real de este Dios que es acogido cuando se acoge a un niño. 

Jesús, en su servicio de esclavo asumido por libre amor hacia todos los malvados y embriagados de ansia de poder, se manifiesta justamente como el mayor de todos. ¿Quién tiene el coraje de seguirle?

3 comentarios:

  1. Como hijos del Padre que somos Jesus nos enseña como tenemos que ser humildes sencillos amar al mas necesitado y si es preciso cargar con la Cruz como el lo hizo
    SUS DISCIPULOS NO LO COMPRENDIERON Hasta que no vieron a Jesus muerto en la Cruz Ana Maria

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  2. Nadie, creo yo tiene "el coraje" de seguir a Jesucristo. Es una gracia que Dios regala a algunas personas y cuando quiere. Esos mismos apóstoles que díscutían y no entendían nada, después casi todos fueron mártires. Dice el cura de mi parroquia que somos mendigos de la gracia del Señor, es él el que recubre nuestra miseria con su gloria.

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  3. Escuché ayer en una homilía lo siguiente: " si compramos a un hombre por lo que vale y lo vendemos por lo que él cree que vale, negocio redondo". Me hizo muchísima gracia y es que es verdad ....Señor perdonanos y dame mucho coraje porque yo quiero seguirte...M.Jose.

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