Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 14 de octubre de 2014

Teresa de Jesús y el respeto por la singularidad de cada uno


Santa Teresa de Jesús invita a que cada religiosa se conozca a sí misma y acepte con sencillez sus capacidades y limitaciones. Esto las permitirá vivir reconciliadas y en paz, libres de celos y de envidias. 

Para ella, la verdadera humildad conlleva la aceptación gozosa de nuestras capacidades, asumiendo que las hemos recibido, por lo que no podemos vanagloriarnos de ellas. 

Despreciar los propios dones es una falsa humildad, que puede hacer mucho daño: «No haga caso de unas humildades que hay, […] que les parece humildad no entender que el Señor les va dando dones. Entendamos bien, bien, como es de verdad, que nos los da Dios sin ningún merecimiento nuestro […]. Creer que no somos capaces de grandes bienes, acobarda el ánimo» (V 10, 4-6).

Pero la humildad también conlleva la aceptación de nuestras limitaciones. Esto nunca debería ir acompañado de sentimientos morbosos de culpabilidad. Por el contrario, la aceptación sana de la propia debilidad nos enseña a poner nuestra confianza solo en Dios: «Guardaos, hijas, de unas humildades que pone el demonio con gran inquietud, de la gravedad de pecados pasados, de si merezco acercarme al Sacramento, si me dispuse bien, que no soy para vivir entre buenos. Esas cosas son de estimar cuando vienen con sosiego y regalo y gusto, como las trae consigo el conocimiento propio. Pero si vienen con alboroto e inquietud y apretamiento del alma y no poder sosegar el pensamiento, creed que son tentación y no os tengáis por humildes, que no vienen de ahí» (CE 67,5).

Vivir reconciliados con nosotros mismos y con nuestra historia personal es el fundamento para poder aceptar a los demás tal como son. Teresa insiste en que no debemos perder tiempo en juzgar a los demás (y menos aún en murmurar sobre sus limitaciones). 

Especialmente la priora debe respetar la singularidad de cada hermana y debe asegurarse de que cada una se alimente y reciba según su necesidad, independientemente del cargo y de la edad. 

Para Teresa también es esencial el respeto de la singularidad de cada persona en el desarrollo de su vida espiritual. Ella sufrió mucho por la incomprensión de algunos confesores que querían hacerla caminar por los mismos senderos que transitaban ellos, aunque a ella no le servían (cf. V 27-28). 

Por eso pide a sus monjas la actitud contraria, y afirma en varias ocasiones: «así como hay muchas moradas en el cielo, hay muchos caminos [para llegar a él]» (V 13,13); «importa mucho entender que Dios no lleva a todos por un [único] camino» (CV 17,2); «no hay para qué querer que todos vayan por nuestro camino» (3M 2,13). 

Y advierte de la inconveniencia de que las prioras quieran imponer sus devociones o prácticas ascéticas a las demás: «como hay diferentes talentos y virtudes en las preladas, por aquel camino quieren llevar a sus monjas. […] En fin, lleva el Señor por diferentes caminos. Mas las preladas han de mirar que no las ponen allí para que escojan el camino a su gusto» (F 18,6). 

En esto coincide con san Juan de la Cruz, que escribe: «Dios lleva a cada uno por diferentes caminos, que apenas se halla un espíritu que en la mitad del modo que lleva convenga con el modo de otro» (Ll 3,59).

2 comentarios:

  1. En las dos pinturas de hoy sobre Santa Teresa se representa su transverberación. Un corazón herido de amor por el Señor. Tal es su fuerza, que aún hoy en día, tiene fuerza para romper las urnas cerradas en que han depositado su reliquia en Alba de Tormes, por lo que han de dejar alguna ranura abierta. José Mª Celdrán.

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  2. Gracias padre por la reflexión tan linda y profunda que nos ha de ayudar a todas las consagradas a reflexionar y a saber aceptar como usted dice, y a conocernos y saber aceptar nuestras limitaciones! Que hermoso de verdad! Gracias nueva mente

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