Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 5 de octubre de 2012

Día de acción de gracias y petición

Todos han oído hablar del Thanksgiving, el "Día de acción de gracias", que se celebra con gran intensidad en Estados Unidos el cuarto jueves de noviembre y en Canadá el segundo lunes de octubre. Quizás también hayan oído decir que el día de Acción de Gracias tiene sus orígenes en el año 1621, en una celebración en Plymouth, en el actual estado de Massachusetts (USA). Sin embargo, la verdadera historia es otra. La celebración de los días de acción de gracias era una tradición de origen romano (por lo tanto "papista"). Como muchos protestantes americanos no querían celebrar las fiestas católicas (incluso prohibieron durante mucho tiempo la Navidad y la Pascua) y desconocían el origen real del día de Acción de Gracias, lo convirtieron en la verdadera fiesta nacional, que debía suplantar a las otras celebraciones. Pero el verdadero origen de esta fiesta está en las "Témporas".

Las Témporas eran unos días de acción de gracias y petición propios de la liturgia romana, que se tenían en cada una de las estaciones del año solar (siempre se celebraban el miércoles, viernes y sábado de la semana establecida). En primavera, se celebraban la primera semana de Cuaresma; en verano, durante la octava de Pentecostés; en otoño, la semana siguiente a la fiesta de la Exaltación de la Cruz (14 de septiembre); y en invierno, la tercera semana de Adviento. Se tienen referencias a su celebración desde tiempos del Papa Calixto I († 222). Tal como explica San León Magno († 461) en sus sermones, cuatro veces al año (quatuor tempora, de ahí su nombre), al terminar cada una de las estaciones meteorológicas y como inicio de la nueva, la Iglesia hacía una parada en su camino y proponía unos días de ayuno y reflexión con una doble finalidad: ayudar a los hombres a comprender que los frutos de la tierra son don de Dios, no dependen únicamente de su esfuerzo, por lo que deben ser agradecidos; y sensibilizarlos ante el sufrimiento de los que no poseen los bienes necesarios, invitando a compartirlos con ellos. 

El Papa Gelasio I († 496) fijó los sábado de Témporas para la celebración de las Ordenaciones diaconales, sacerdotales y episcopales, por lo que esas semanas adquirieron una especial solemnidad. De todas las ciudades de Italia y del extranjero se dirigían los candidatos con sus acompañantes para las celebraciones en la basílica de San Pedro. El miércoles y viernes se procedía a la presentación y al examen de los candidatos. Durante la vigilia del sábado, se leía la Sagrada Escritura en griego y latín y se cantaban himnos y salmos. Después tenían lugar las ordenaciones. Por último, los recién ordenados eran acompañados a las parroquias romanas, donde eran honrados por el pueblo con banquetes festivos, antes de regresar cada uno a su ciudad de origen. 

El actual Directorio sobre la piedad popular dice: «Las Témporas indican el paso de una estación a otra y son un momento de descanso en algunos campos de la actividad humana […]. Valórense como tiempo de súplica al Señor y de meditación sobre el significado del trabajo humano, que es colaboración con la obra creadora de Dios, realización de la persona, servicio al bien común, actualización del plan de la Redención». Actualmente cada Conferencia Episcopal determina cuándo y cómo se celebran en su país. En España han quedado reducidas a una jornada de acción de gracias y de petición, que se celebra el 5 de octubre, con formularios propios para la misa y el oficio divino, aunque sin las tradiciones norteamericanas de reunirse en familia para cenar pavo (lo que sin duda agradecen los pavos).


Esta entrada del 5 de octubre de 2012 se completó con otra publicada en la misma fecha del 2013 con el título: "Textos para el día de acción de gracias" que se puede consultar aquí.

1 comentario:

  1. Anda, yo siempre pensando que eso del thaksgiving era una gringada y resulta que es una instituciòn con siglos de tradiciòn en la Iglesia catòlica. Lo que hay que ver...

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