Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 3 de noviembre de 2013

Zaqueo lo recibió muy contento en su casa


El evangelio de hoy habla de Zaqueo, que era un pecador, y él lo sabía. Y estaba feliz de serlo, sin ganas de cambiar. Pero un día oyó hablar de Jesús y le venció la curiosidad, por lo que se dispuso a ir a su encuentro.

Con lo que no contaba Zaqueo es que ver a Jesús no era fácil. El maestro de Galilea iba rodeado de gente, de mucha gente. Y él era pequeño. Rico y acostumbrado a obtener lo que quería, pero bajito.

El caso es que Zaqueo se armó de valor y se subió a un árbol, "para verlo pasar". Y sucedió algo extraño: no fue Zaqueo quien vio a Jesús, sino que Jesús vio a Zaqueo e intuyó que -a pesar de sus pecados- tenía buen corazón y que podía cambiar si le daba una oportunidad. Así que le dijo: -"Bájate de la higuera e invítame a merendar en tu casa. Y a los que vienen conmigo, también".

Zaqueo se quedó sorprendido de la proposición, porque los profetas no suelen ir a merendar a casa de los pecadores como él, pero aceptó "muy contento", dice el evangelista. 

El resto de la historia ya la conocen: los que tienen curiosidad por conocer a Jesús y hacen algún esfuerzo serio por verle y son capaces de vencer la impresión de hacer el ridículo y aceptan que son pequeños y pecadores, y se dejan mirar por él... escuchan las palabras más hermosas del mundo: "Hoy la salvación ha entrado en tu casa, porque yo he venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido".

No sé ustedes, pero yo soy pequeño (como Zaqueo) y pecador (como Zaqueo) y quiero ver a Jesús (como Zaqueo) y a veces hago algún esfuerzo para conocerle mejor (como Zaqueo) y me dejo mirar por él (como Zaqueo) y entonces también me entran ganas de ser mejor y de compartir lo que tengo y lo que soy con los demás (como a Zaqueo).

Y como a veces se me olvidan las palabras hermosas que me ha dicho Jesús y he vuelto a alejarme de él y la añoranza de que venga a merendar a mi casa se apodera de mí... vuelvo a empezar y le digo: "Señor, mírame, háblame al corazón, déjame oír tu voz y gozar de tu compañía. No por mis méritos, sino por tu misericordia". Y él me dice como la primera vez: "Amigo, ábreme la puerta, que quiero entrar en tu casa".

7 comentarios:

  1. Señor, yo tambien necesito que bengas a mi casa. Señor yo tambten soy pequeña, por dentro y por fuera. Señor buscame tu, por que yo a veces no me esfuerzo lo suficiente para verte, pero necesito que bengas a mi casa. Fina,

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  2. No hay duda de que este texto tiene todo el estilo del padre Eduardo. Anoche en la misa en el Carmen de San Salvador predicó de estas cosas con un estilo ágil que nos tenía a todos con la boca abierta. Nely

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  3. Padre Eduardo,¡qué bellas y sugerentes sus palabras! Tiene el don de mover los corazones e inculcar la necesidad vital del encuentro con el Señor.El texto evangélico es
    reconfortante porque : Cristo nos ha dicho a todos:"Quiero hospedarme en tu casa"
    Deseo a todos los que comparten estos días,luz,gozo y paz.

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  4. Yo soy pequeña pero me subo a la higera pero con miedo a caerme Maria dame la mano y no tendre miedo Enseñame a querer a Jesus Ana Maria

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  5. Señor heme aquí pequeña y con mis manos vacías, recíbeme!

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  6. se que por mis méritos esta la cosa dura pero por su gran misericordia me vera como vio a zaqueo

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  7. Diana Isabel Mazzei30 de octubre de 2016, 19:20

    Padre Eduardo como siempre sus palabras llegan al corazón y abren los ojos del espíritu. No me canso de leer sus explicaciones. Gracias otra vez. Por supuesto que en mi pequeñez abro las puertas de mi corazón para nuestro Señor Jesuscristo y espero siempre su bendición. Diana

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