Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 1 de enero de 2015

Canto a María de san Efrén de Siria


Comenzamos el año celebrando la fiesta de santa María, madre de Jesús y madre nuestra. Les invito a saludarla con un poema de san Efrén de Siria (306
373). El cuadro es obra del pintor estadounidense William MacGregor Paxton (1869–1941).

Quiero cantar el misterio de la Virgen que admiro. Hijo de Dios, dame tu don admirable, templa mi lira para que consiga detallar la imagen completamente bella de la Madre bien amada.

La Virgen María da al mundo a su Hijo quedando virgen, amamanta al que alimenta a las naciones, y en su casto regazo sostiene al que mantiene el universo. Ella es virgen y es madre, ¡qué misterio!

Santa de cuerpo y hermosa de alma, pura de espíritu, sincera de inteligencia, perfecta de sentimientos, casta, fiel, pura de corazón y leal; posee todas las virtudes.

Que en María se alegre toda la estirpe de las vírgenes, pues una de entre ellas ha alumbrado al que sostiene toda la creación, el que ha liberado al género humano que gemía en la esclavitud.

Que en María se alegre el anciano Adán, herido por la serpiente. María da a Adán una descendencia que le sana de su herida mortal.

Que los sacerdotes se alegren en la Virgen bendita. Ella ha dado al mundo el Sacerdote Eterno que es al mismo tiempo Víctima. Él ha puesto fin a los antiguos sacrificios, habiéndose hecho la Víctima de propiciación.

Que en María se alegren todos los profetas. En ella se han cumplido sus visiones, se han realizado sus profecías, se han confirmado sus oráculos.

Que en María se gocen todos los patriarcas. Así como ella ha recibido la bendición que les fue prometida, así ella les ha hecho perfectos en su Hijo. Por él todos los justos han sido purificados.

En lugar del fruto amargo cogido por Eva del árbol fatal, María ha dado a los hombres un fruto lleno de dulzura al mundo entero.

El árbol de la vida, oculto en medio del Paraíso, ha brotado en María y ha extendido su sombra sobre el universo, ha esparcido sus frutos, tanto sobre los pueblos más lejanos como sobre los más próximos.

María ha tejido un vestido de gloria y lo ha dado a nuestro primer padre. Él había escondido su desnudez entre los árboles, y es ahora investido de pudor, de virtud y de belleza.

La serpiente había cavado una trampa; Adán y Eva habían caído en ella; el Hijo de María se ha inclinado y les ha sacado del abismo.

La vid ha dado un racimo, cuyo suave jugo devuelve la alegría a los afligidos. María nos ha dado el vino de la vida, y hemos hallado completo consuelo.

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