Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 16 de junio de 2012

Inmaculado Corazón de María

Ayer, viernes, se celebró la fiesta del sagrado corazón de Jesús y hoy, sábado, se celebra la del inmaculado corazón de María. Si al mirar el corazón de Jesús comprendemos el amor de Dios, que supera todo límite, al mirar el corazón de María comprendemos las maravillas que Dios hace en los hombres cuando se dejan, cuando acogen su gracia, cuando colaboran con él. María es la mujer de fe que se ha fiado de Dios y él ha hecho maravillas en ella. 

Dante Alighieri, en el canto 33 del Paraíso, pone en boca de san Bernardo una oración a María, que es el culmen de la devoción mariana en Occidente, por su belleza poética y por su profundidad teológica. En italiano empieza así: “Vergine Madre, figlia del tuo figlio, umile e alta più che creatura...” Dice el poeta que María se convirtió en el término (esto es, la etapa final) del proyecto eterno de salvación, cuando en su vientre germinó el amor (el Hijo de Dios hecho hombre), cumpliéndose así la eterna decisión de Dios Trinidad. María es, al mismo tiempo, Virgen y Madre, humilde y alta, hija del Hijo de Dios creador y madre suya en la encarnación. Ella, con su existencia, ennoblece nuestra especie. Llama de amor y fuente de esperanza. Es la mejor intercesora del hombre, antes incluso de que éste le dirija sus súplicas, como en Caná de Galilea. La poesía en español dice:

     Virgen y madre, hija de tu Hijo,
     más humilde y alta que cualquier criatura,
     etapa final del proyecto eterno de salvación.


     Tú ennobleciste la naturaleza humana
     de tal forma que su autor
     no rechazó hacerse su hechura.
    

     En tu vientre prendió el amor,
     por cuyo calor –en la paz eterna–
     germinó esta flor.

     En el cielo eres para los redimidos
     llama luminosa de caridad
     y en la tierra eres para los mortales
     fuente viva de esperanza.

     Señora, eres tan grande y puedes tanto
     que quien quiere gracia y no recurre a ti
     para su desgracia quiere volar sin alas.

     Tu benignidad no solo socorre
     a quien te suplica, sino que muchas veces
     generosamente precede a las suplicas.

     En ti está la misericordia, en ti la piedad,
     en ti la grandeza. En ti se une
     todo lo que hay de bueno en las criaturas.

Como san Bernardo, nosotros también nos dirigimos a María, amable madre de Jesús y nuestra, confiando en su poderosa intercesión. Él, que la entregó como madre al discípulo amado, sigue entregándola como madre a los discípulos amados de cada generación. Ella, como en Belén, sigue ofreciendo a Jesús a todos los que se le acercan y, como en Caná, sigue invitándonos a hacer lo que él nos diga.

3 comentarios:

  1. "Al consagrarnos al corazón de María descubrimos el camino seguro al Sagrado Corazón de Jesús, símbolo del amor misericordioso de nuestro Salvador".(SS Juan Pablo II)
    María es modelo de los que escuchan la Palabra de Dios y hacen de ella su tesoro, tipo perfecto de la Iglesia.
    Que nuestra Madre interceda para que nuestro corazón sea el lugar de encuentro con Dios.
    Conchita

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  2. Quiero pedir a la Virgen nuestra madre, que por su intercesion algun dia yo llegue a parecerme un poco a ella, como madre y como discipula
    Fina

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  3. MARIA, UN CORAZÓN VALIENTE

    Indudablemente, todo cuanto requirió Jesús de su madre, El lo tuvo y fue así como María acompaño a su hijo hasta la misma Cruz, y en forma admirable, pues si consideramos que ella forma parte del sexo débil como mujer, aparece aquí más valerosa que los amigos de su hijo, firme junto a la cruz, cuando los discípulos huían. “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre” (Juan (SBJ) 19, 25) entonces desde la misma Cruz, poco antes de morir, Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre” (Juan 19, 26), es decir, el Señor que conocía bien el Corazón de su madre, nos regala el corazón de María, instituyéndola en nuestra madre espiritual.

    Y entonces podemos opinar, que María poseía un corazón valiente, pues ella se mostró a la altura de la dignidad que correspondía a la Madre de Cristo. Cuando huyeron los Apóstoles, estaba en pie ante la cruz, mirando las llagas de su Hijo, no como quien espera la muerte de su tesoro, sino la salvación del mundo. Y aun quizás porque conociendo la redención del mundo por la muerte de su Hijo, ella deseaba contribuir con algo a la redención universal, conformando su corazón con el del Salvador. Pero Jesús no necesitaba de auxiliadora para la redención de todos los que sin ayuda había conservado. Por eso dice: "He sido hecho hombre sin auxiliador, libre entre los muertos" (Sal 87,5). Aceptó, en verdad, el afecto maternal, pero no buscó el auxilio ajeno. Y así es como san Ambrosio, le solicitaba a los que le oían; “Imitad, madres piadosas, a ésta, que tan heroico ejemplo dio de amor maternal a su amantísimo Hijo único. Porque ni vosotras tendréis más cariñosos hijos, ni esperaba la Virgen el consuelo de poder tener otro.”
    MARIA SANTISIMA VIVA EN TU CORAZÓN

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