Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 4 de febrero de 2023

Beato María-Eugenio del Niño Jesús, o.c.d.


El padre María Eugenio del Niño Jesús (Henri Grialou, 1894-1967) fue beatificado el año 2016 en Aviñón (Francia). Su fiesta litúrgica se celebra el 4 de febrero.

Nació en el seno de una familia minera, de escasos recursos, pero rica de fe.

Con 17 años entró al seminario, aunque tuvo que interrumpirlo pronto para hacer el servicio militar, al que siguió la primera guerra mundial, por lo que fue militar durante 6 años. En una carta de 1914, escribe así desde el frente:

"La guerra es sin duda alguna dura, terrible, salvaje; nos impone grandes fatigas […]. Sin embargo, por la noche, después de la batalla nos sentimos de nuevo hombres y sobre todo cristianos y entonces es cuando más sufrimos al oír los gritos de los pobres heridos o el estertor de los agonizantes".

En 1919 volvió al seminario. Allí leyó un libro sobre san Juan de la Cruz y sintió que su verdadera vocación era ser carmelita teresiano, pero se opusieron tenazmente el rector del seminario, el obispo diocesano y su misma madre.

Así que prosiguió sus estudios y se ordenó sacerdote en 1922, pero solo 20 días después entró en el Carmelo. En una carta escrita a su madre por entonces, dice así:

"Bien sabes cuánto he resistido a causa de la pena que te ocasionaba. Pero esta llamada de Dios se ha hecho cada vez más clara. Yo también he llorado al pensar en el sacrificio que te imponía, pero no puedo resistirme a la voluntad de Dios tan claramente manifestada".

Después del noviciado, como ya era sacerdote, sus superiores le pidieron que estudiara los escritos de Teresa de Lisieux, para dar charlas sobre ella como preparación a su beatificación (que tuvo lugar en 1923). Lo hizo tan bien, que le pidieron que siguiera predicando sobre ella, especialmente con motivo de su canonización (en 1925).

Algo más tarde se anunció que san Juan de la Cruz iba a ser proclamado doctor de la Iglesia (en 1926) y se le pidió que diera charlas sobre su doctrina.

De esta manera, consagró sus primeros años en el Carmelo a profundizar en la doctrina de estos grandes santos para poder hablar sobre ellos por toda Francia.

En 1928 le hicieron prior de Tarascón, por lo que dejó de dar charlas y cursillos de un sitio para otro y se consagró a la vida conventual en su nuevo destino.

Allí se le presentaron tres jovencitas que regentaban un colegio en Marsella. Habían oído hablar de él y le pidieron que las ayudara a llevar una vida más orante y entregada al Señor, sin dejar su actividad docente. No se sentían llamadas a ser monjas, pero sí a vivir más profundamente su consagración bautismal.

De esta manera comenzó una amistad que terminó con la fundación del Instituto secular de espiritualidad carmelitana "Nuestra Señora de la Vida" el año 1932.

Con el tiempo, a la rama femenina se le unió una rama masculina (en 1963) y otra sacerdotal (en 1964).

Al padre María Eugenio le encomendaron nuevos cargos de responsabilidad, primero en Francia y después en Roma, como miembro del consejo general de la Orden, ocupando el puesto de vicario general por el fallecimiento del general de la Orden.

Durante ese tiempo tuvo ocasión de viajar por muchos países al servicio de la Orden, especialmente de las carmelitas descalzas, sin abandonar el cuidado del grupo de laicas consagradas, que iba creciendo, ni tampoco el estudio para formar a otros en el carisma del Carmelo.

Fruto de sus cursos sobre la espiritualidad de santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz y santa Teresita del Niño Jesús es su obra "Quiero ver a Dios" (publicada en 1949), a la que siguió el volumen "Soy hija de la Iglesia" (publicado en 1951), que es su continuación. En 1957 se refundieron en un único volumen. Hoy, además de en francés, está publicada en español, alemán, inglés, chino, italiano, polaco, portugués, lituano y checo. La quinta edición española (del año 2016) tiene 1328 páginas.

Es un serio esfuerzo por unir la teología mística de los santos del Carmelo y la teología escolástica de santo Tomás de Aquino y sus seguidores.

En 1955 termina sus años de servicio al centro de la Orden y regresa a Francia. Allí es nombrado provincial, por lo que continúa con tareas de gobierno, sin dejar las charlas de formación carmelitana y la atención al instituto secular que él había fundado.

Cuando sus hijas van a fundar en México, demuestra su gran capacidad de adaptación pidiéndoles que conozcan bien la idiosincrasia del país y que trasplanten allí su carisma, pero no los condicionantes culturales de su tierra de proveniencia. Escribe así:

"Ahora queda la adaptación y la penetración en el país. Y eso no se puede hacer sino lentamente y con los medios queridos por Dios. De su parte, eso requiere sobre todo paciencia, confianza en la oración. [...] El instituto Nuestra Señora de la Vida fue llamado a México, tiene, entonces, su lugar que ustedes deben encontrar, poco a poco, utilizando las circunstancias providenciales que no faltarán. Una fundación es una nueva construcción adaptada al país. [...] Estudien el país con una simpatía afectuosa a fin de amarlo cada vez más y hacerse amar".

El Concilio Vaticano II comenzó en 1962. El padre María Eugenio se esforzó para que los frailes y los fieles conocieran sus enseñanzas, haciéndoles estudiar sus decretos, para poder ponerlos en práctica.

Finalmente, falleció el 27 de marzo de 1967, lunes de Pascua, día en el que se celebra la fiesta de Nuestra Señora de la Vida, para conmemorar el gozo de la Virgen María por la resurrección de Cristo, que él estableció como titular de su instituto.

Quienes quieran conocer más sobre el padre María Eugenio y sobre el instituto secular Nuestra Señora de la vida, pueden visitar esta página web.

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