Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 20 de septiembre de 2026

IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED EN LA CIUDAD DE PANAMÁ


Me encuentro estos días en la ciudad de Panamá, donde tengo la alegría de predicar la novena en honor de la Virgen de la Merced y de participar en algunos encuentros con las familias mercedaria y carmelita. Ya había tenido anteriormente el gozo de predicar algunos cursos y encuentros en esta ciudad. Además, varios de los participantes han compartido conmigo peregrinaciones a Tierra Santa y a otros santuarios. Por eso, al regresar a Panamá, tengo la sensación de encontrarme entre amigos y de estar, de alguna manera, en casa. Son personas a las que aprecio sinceramente y con las que me unen muchos recuerdos y experiencias de fe.

LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED

Uno de los lugares más significativos de mi actividad estos días es la iglesia de Nuestra Señora de la Merced, situada en el corazón del Casco Antiguo de la ciudad de Panamá. Es uno de los templos coloniales más antiguos de la ciudad y forma parte del extraordinario conjunto histórico declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Su interés no se debe únicamente a su valor artístico y religioso, sino también a una circunstancia verdaderamente singular: parte de la antigua iglesia de Panamá Vieja, y especialmente su magnífica portada de piedra, fue desmontada y trasladada pieza a pieza a la nueva ciudad después de la destrucción de la primera Panamá.

UN TEMPLO ENTRE DOS CIUDADES

Los mercedarios estaban establecidos en la antigua ciudad de Panamá, hoy conocida como Panamá Vieja, desde el siglo XVI. En 1671, la ciudad fue atacada por las fuerzas del pirata inglés Henry Morgan y quedó prácticamente destruida. Dos años después, en 1673, Panamá fue refundada en un nuevo emplazamiento, más fácilmente defendible, en el actual Casco Antiguo o barrio de San Felipe.

Los mercedarios fueron de los últimos religiosos en abandonar la antigua ciudad. En el nuevo asentamiento recibieron un solar situado cerca de la Puerta de Tierra, uno de los accesos a la ciudad amurallada. Allí levantaron inicialmente una construcción modesta, mientras que el actual templo de mampostería fue edificado posteriormente, entre 1720 y 1732.

Lo más extraordinario de esta historia es que la portada de piedra del antiguo templo fue desmontada y trasladada desde Panamá Vieja hasta la nueva ciudad, donde volvió a ser ensamblada. Las fuentes sitúan este traslado hacia finales de la década de 1670 o alrededor de 1680. La portada conserva así la memoria material de la primera ciudad y constituye un verdadero puente entre las dos Panamás.

Por eso puede decirse, con toda propiedad, que esta iglesia es un templo de dos ciudades: sus muros pertenecen fundamentalmente a la historia de la nueva Panamá, pero su portada lleva consigo las piedras y la memoria de la antigua.

UNA PORTADA DE GRAN VALOR ARTÍSTICO

La portada constituye el elemento artístico más singular del edificio. Realizada en piedra tallada, responde a un lenguaje arquitectónico propio de la transición entre el Renacimiento tardío y el Barroco hispanoamericano. Su composición se organiza mediante un eje central y elementos arquitectónicos que enmarcan los espacios destinados a las imágenes religiosas.

La piedra, hoy suavizada por el paso de los siglos y por el clima tropical, contrasta con las superficies encaladas del resto del edificio. El resultado posee una belleza sobria y monumental, muy característica de la arquitectura religiosa colonial panameña.

Más que una simple entrada, la portada es una auténtica fachada-relicario: conserva en sus piedras la memoria de la primera ciudad y proclama, al mismo tiempo, la presencia de la Orden de la Merced en la nueva Panamá.

LA ARQUITECTURA DEL TEMPLO

La iglesia conserva importantes elementos de la arquitectura colonial. Su estructura interior presenta una nave con cubierta tradicional de madera, realizada mediante el sistema de par e hilera, que constituye uno de los valores patrimoniales más destacados del edificio. La documentación urbanística de la ciudad señala que se trata del único ejemplo que se conserva íntegro de este tipo de cubierta en un edificio religioso del Casco Antiguo.

La utilización de la madera no era solamente una solución constructiva. Respondía también a la necesidad de adaptar la arquitectura europea a las condiciones climáticas del istmo. Las grandes estructuras de madera, las dimensiones de los espacios y la ventilación contribuían a crear interiores adecuados para el clima tropical.

En el conjunto actual se percibe así la convivencia de diferentes épocas: elementos procedentes de la antigua Panamá, estructuras levantadas en los siglos XVII y XVIII y restauraciones posteriores que han permitido conservar el templo hasta nuestros días.

MEMORIA, ARTE Y DEVOCIÓN

La iglesia no es solamente un monumento histórico. Continúa siendo un lugar vivo de oración y de celebración de la fe. La imagen de Nuestra Señora de la Merced recuerda la misión fundamental de los mercedarios: anunciar la misericordia de Dios y trabajar por la libertad y la dignidad de quienes sufren diversas formas de cautividad.

Junto al templo se encuentra el Museo de la Merced, que conserva documentos y objetos vinculados a la historia religiosa y civil de Panamá y diversos objetos procedentes de la tradición mercedaria.

LAS PIEDRAS QUE HABLAN

Quizá lo que más impresiona al contemplar la iglesia de La Merced es pensar que algunas de sus piedras han contemplado dos ciudades. Estuvieron en Panamá Vieja cuando aquella ciudad era uno de los grandes centros españoles del Pacífico; sobrevivieron al desastre de 1671; fueron desmontadas, trasladadas y colocadas nuevamente en la ciudad que nació después.

También nosotros somos, de alguna manera, hombres y mujeres hechos de memoria. Llevamos con nosotros lugares, personas, experiencias y acontecimientos que forman parte de nuestra historia. La fe cristiana nos enseña que Dios no destruye nuestra historia, sino que puede tomar incluso nuestras ruinas y convertirlas en fundamento de algo nuevo.

Quizá por eso esta iglesia resulta especialmente apropiada para celebrar a la Virgen de la Merced. María es la mujer que acompaña los caminos de la historia y que permanece junto a sus hijos en los momentos de dificultad. Como estas piedras trasladadas de una ciudad a otra, también nosotros estamos llamados a dejarnos llevar por Dios hacia donde él quiera construir nuestra vida.

Y allí donde se levanta un templo dedicado a María, la historia encuentra siempre una palabra de esperanza: la misericordia de Dios puede atravesar los siglos, acompañar a los pueblos y convertir las ruinas en un nuevo comienzo.

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