Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 11 de septiembre de 2026

BEATA MARÍA DE JESÚS LÓPEZ RIVAS, o.c.d. (1560-1640). Presentación y oraciones de la misa


La beata María de Jesús López Rivas pertenece al grupo de las primeras carmelitas descalzas formadas directamente por santa Teresa de Jesús. Su larga vida fue un ejemplo de fidelidad, sabiduría espiritual y amor a la cruz.

Nació en Tartanedo (Guadalajara) en 1560 y creció en Molina de Aragón. Desde muy joven manifestó deseos de consagrarse a Dios. Gracias a un sacerdote que conocía a santa Teresa, entró en contacto con ella, que pronto descubrió sus cualidades excepcionales.

Ingresó en el monasterio de Toledo a los diecisiete años. Santa Teresa la apreciaba profundamente y la llamaba cariñosamente «mi letradillo», porque, aunque no poseía estudios académicos, mostraba una notable comprensión de los misterios espirituales. Cuando Teresa redactaba Las Moradas, le dio a leer el manuscrito y valoró mucho sus observaciones.

La salud acompañó poco a María de Jesús. Vivió enferma durante gran parte de su existencia, pero desempeñó numerosas responsabilidades: fue sacristana, enfermera, maestra de novicias y priora. Quienes convivieron con ella destacaban su prudencia, su capacidad de consejo y su extraordinaria fortaleza de ánimo.

Uno de los rasgos más admirables de su vida fue la paciencia con que soportó las pruebas. Fue injustamente calumniada y apartada de algunos cargos, pero respondió siempre con humildad y caridad hacia quienes la perseguían. También experimentó intensamente la pasión de Cristo, tanto en su vida interior como en sufrimientos físicos que sus contemporáneos consideraron extraordinarios.

Murió en Toledo en 1640, después de más de sesenta años de vida religiosa. Beatificada por Pablo VI en 1976, sigue siendo un ejemplo de sabiduría nacida de la oración.

ORACIÓN COLECTA. Oh Dios, que concediste a la beata María de Jesús el don de la contemplación de los misterios de tu Hijo, hasta reflejar en sí misma la imagen de su amor; concédenos, por su intercesión, una fe que busque en todo a Jesús, y un amor que lo haga presente entre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN DE LOS FIELES. Por intercesión de la beata María de Jesús, oremos a Dios por la Iglesia y por el mundo.

- Para que el papa, los obispos, sacerdotes y consagrados, imitando a la beata María de Jesús, crezcan cada día en la entrega a Cristo y a los hermanos, roguemos al Señor.

-Para que, a imitación de la beata María de Jesús, «el letradillo» de santa Teresa, los jóvenes de nuestro tiempo escuchen con docilidad la voz del Señor y muchos descubran la belleza de la sabiduría contemplativa y del servicio fiel en la Iglesia, roguemos al Señor.

- Para que todas las familias y fieles cristianos, a imitación de la nuestra carmelita, conservemos la paz en las adversidades, roguemos al Señor.

-Por todos los que sufren en el cuerpo o en el espíritu: enfermos, ancianos abandonados, emigrantes y encarcelados, para que sobre todos ellos descienda el consuelo de Dios, roguemos al Señor.

Padre bueno, que hiciste obras grandes en tu sierva, la beata María de Jesús, atiende las peticiones que, por su intercesión, te hemos presentado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS. Recibe, Padre santo, los dones que humildemente te ofrecemos en memoria de la beata María de Jesús, y concédenos, por esta hostia inmaculada, permanecer ardiendo en tu presencia en el fuego sagrado de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

PREFACIO

V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, porque manifiestas tu grandeza en la multitud de tus santos y, al coronar sus méritos, coronas tus propios dones. 

En la beata María de Jesús nos das un ejemplo insigne de fidelidad y sabiduría espiritual. Tú concediste a esta humilde virgen la gracia de penetrar con luz divina en la profundidad de tus misterios y de abrazar con paciencia admirable la cruz de tu Hijo. En medio de la enfermedad, la incomprensión y las pruebas, ella supo transformar el dolor en oblación purísima de amor, reflejando en su vida la imagen viva de Cristo paciente.

Por eso, con los ángeles y los santos, cantamos sin cejar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN. Padre celestial, te rogamos que nosotros, tus siervos, fortalecidos por este sacramento, aprendamos a buscarte sobre todas las cosas a ejemplo de la beata María de Jesús, y a llevar en nosotros, mientras vivimos, la imagen del hombre nuevo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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