Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 1 de junio de 2017

El Corazón de Jesús revela el amor de Dios


Tradicionalmente, los católicos hemos dedicado el mes de mayo a honrar a la Virgen María y el mes de junio a honrar al Sagrado Corazón de Jesús.

Aunque sus orígenes son anteriores, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se generalizó en el s. XIX y se identificó con los deseos de «reparación» y «expiación» por los pecados. 

Se insistía en el dolor que causan a Jesús las espinas que le clavamos cada día y en expresiones similares para invitar al arrepentimiento. 

Los numerosos textos y oraciones de la época usan un lenguaje ampuloso, retórico y reiterativo, y suelen presentarse como «actos de desagravio» por los ultrajes que se recogen en listas interminables. 

Esta era la característica principal de esta devoción, que ha perdurado en muchos ambientes hasta nuestros días.

Con el movimiento bíblico y litúrgico esta devoción entró en crisis hacia 1950. De hecho, en esa época se escribieron muchos artículos sobre este tema.

El Teólogo Karl Rahner (1904-1984) escribió algunos estudios clarificando el significado bíblico. Hasta entonces, la devoción al Sagrado Corazón se centraba en el órgano físico y en el simbolismo del corazón traspasado por nuestros pecados.

Rahner, a partir del sentido bíblico de la palabra "corazón" escribió: “En la devoción al Sagrado Corazón adoramos a la Persona del Señor bajo la imagen de su Corazón, que simboliza su centro primordial, la fuente de todos sus pensamientos, proyectos y sentimientos”.

Hoy esto está asumido por la mayoría de los católicos. De hecho, Benedicto XVI hizo muchas veces referencia a esa interpretación renovada. En el ángelus del 1 de junio de 2008, explicó: 

Este mes está tradicionalmente dedicado al Corazón de Cristo, símbolo de la fe cristiana, particularmente amado tanto por el pueblo como por los místicos y los teólogos, pues expresa de una manera sencilla y auténtica la "buena noticia" del amor, resumiendo en sí el misterio de la encarnación y de la redención.

Desde el horizonte infinito de su amor, Dios ha querido entrar en los límites de la historia y de la condición humana, ha tomado un cuerpo y un corazón, para que podamos contemplar y encontrar el infinito en el finito, el misterio invisible e inefable en el Corazón humano de Jesús, el Nazareno.

Toda persona necesita un "centro" para su propia vida, un manantial de verdad y de bondad al que recurrir ante la sucesión de las diferentes situaciones y en el cansancio de la vida cotidiana.

Cada uno de nosotros, cuando se detiene en silencio, necesita sentir no solo el palpitar de su corazón, sino, de manera más profunda, el palpitar de una presencia confiable, que se puede percibir con los sentidos de la fe y que, sin embargo, es mucho más real: la presencia de Cristo, corazón del mundo.

2 comentarios:

  1. ¡Qué bonito y que fácil de comprender!

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  2. El Corazon de Jesus es el amor mas fuerte que pueda exsistir

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