Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 9 de marzo de 2026

EL PASTORCICO de san Juan de la Cruz. Un amor "hasta el extremo"


El poema “El Pastorcico” de san Juan de la Cruz es una de las composiciones más sencillas y, al mismo tiempo, más profundamente conmovedoras de la poesía mística española. Con un lenguaje popular, cercano al mundo pastoril, el santo carmelita presenta una parábola poética del misterio del amor de Cristo por la humanidad. Bajo la figura de un humilde pastor enamorado, el poema revela el corazón del evangelio: el amor gratuito, fiel y sufriente de Dios por el ser humano.

Desde el punto de vista literario, el poema se inspira en la tradición de los cantos pastoriles y en antiguos poemas de amor entre pastores. San Juan de la Cruz toma ese motivo profano y lo transforma “a lo divino”. El pastor ya no es simplemente un enamorado humano, sino Cristo mismo, el buen Pastor del evangelio. La “pastora” representa a cada persona llamada a corresponder a ese amor. El contraste entre la grandeza del pastor y la pequeñez de la pastora introduce ya el drama del poema: el amor infinito de Dios frente a la fragilidad e inconstancia del corazón humano.

El poema bebe de una profunda tradición bíblica. Los profetas, especialmente Oseas, habían presentado la relación entre Dios y su pueblo con la imagen del amor esponsal: Dios es el esposo fiel, mientras que su pueblo aparece muchas veces como una esposa que se aleja tras otros amores. El poema recoge esta intuición profética y la contempla a la luz del misterio de Cristo. El pastor no abandona a la pastora cuando esta se aleja, ni la obliga a permanecer a su lado; respeta su libertad, porque el amor verdadero no puede imponerse. Pero esa libertad tiene un precio: el pastor sufre en silencio el olvido de aquella a quien ama.

Lo más conmovedor del poema es que el sufrimiento del pastor no procede de la pobreza, del cansancio ni de las dificultades de su vida errante. Nada de eso le duele verdaderamente. Lo que hiere su corazón es sentirse olvidado por la pastora. El amor, cuando es verdadero, no se mide por los sacrificios exteriores, sino por la herida interior que provoca la falta de correspondencia.

El desenlace del poema conduce directamente al misterio de la cruz. El pastor, sin dejar de pensar en su amada, “se encumbra sobre un árbol” y abre los brazos hasta morir abrazado a él. La imagen evoca claramente a Cristo que, en la cruz, extiende los brazos para entregar su vida por aquellos a quienes ama. No es una muerte impuesta, sino un acto libre de amor.

Así, el poema se convierte en una contemplación del amor de Cristo que ama “hasta el extremo” (Jn 13,1). Al leerlo, el lector no solo admira una bella pieza de poesía mística, sino que se ve invitado a reconocer ese amor que lo busca, lo espera y lo ama incluso cuando tantas veces le hemos dado la espalda. El Pastorcico sigue extendiendo sus brazos en el árbol de la cruz, con el pecho “del amor muy lastimado”, aguardando la respuesta de nuestra libertad. 


Un Pastorcico, solo, está penado
ajeno de placer y de contento,
y en su pastora ha puesto el pensamiento,
el pecho, del amor, muy lastimado.

No llora por haberle amor llagado,
que no le pena verse así afligido
-aunque en el corazón está herido-
más llora por pensar que está olvidado.

Que solo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho del amor muy lastimado.

Y dice el Pastorcico: "¡Ay, desdichado
de aquel que de mi amor ha hecho ausencia
y no quiere gozar la mi presencia!"
Y el pecho, por su amor, muy lastimado.

Y a cabo de un gran rato se ha encumbrado
sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado, asido dellos,
el pecho, del amor, muy lastimado.

2 comentarios:

  1. Dudo que haya alguien no le llegue al fondo de su corazón ésta poesía. 🎼🎶🎶 musicalizada mejor aún. De lo mejor del Santo poeta. Gracias padre.

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  2. Felipe se acercó corriendo al eunuco etíope y le dijo, ¿Entiendes lo que estás leyendo?. El eunuco respondió ¿ Cómo lo voy a entender si nadie me guía? Y entonces Felipe se sentó con él y le guió.

    Esto pasa, con este poema del pastorcico, bello muy bello al leerlo aún sin entenderlo. Pero con esta guía con esta explicación la belleza del poema entra en el interior y nos lleva más allá, más adentro y, entonces, el asombro de la belleza se transforma en vibración con el amor del pastorcico.
    Gracias Padre Eduardo.

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