Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 14 de noviembre de 2015

¡Qué de santos tenemos en el cielo que trajeron este hábito!


En el día de todos los santos carmelitas, recordemos estas palabras de santa Teresa de Jesús: «Pongan siempre los ojos en la casta de donde venimos, de aquellos santos Profetas. ¡Qué de santos tenemos en el cielo que trajeron este hábito! Tomemos una santa presunción, con el favor de Dios, de ser nosotros como ellos» (Fundaciones 29,33).

En otro lugar dice: «Todas las que traemos este hábito sagrado del Carmen somos llamadas a la oración y contemplación, porque este fue nuestro principio, de esta casta venimos, de aquellos santos padres nuestros del Monte Carmelo, que en tan gran soledad y con tanto desprecio del mundo buscaban este tesoro, esta preciosa margarita de que hablamos» (V Moradas 1,2).

He hablado de la fiesta de hoy en varias ocasiones: presentación y oraciones, video, lectura del oficio divino tomada de los escritos de santa Teresa, texto del libro Glorias del Carmelo, gozos a la Virgen del Carmen, que dicen: «Flores de vuestro Carmelo / son la variedad de santos, / profetas, mártires tantos, / vírgenes y confesores, / pontífices y doctores, / que hacen vuestro Monte Cielo. / Sed nuestro amparo amoroso / Madre de Dios del Carmelo».

La peculiaridad de los santos carmelitas es que muchos han sido también grandes escritores que han enriquecido con su doctrina a la Iglesia. Por eso, Thomas Merton escribió: «No hay miembro de la Iglesia que no deba algo al Carmelo».

Los santos de la Orden son un ejemplo y un estímulo para los que hoy pertenecemos a ella por distintos vínculos (frailes, monjas, consagrados, seglares). Pidamos al Señor que el Carmelo siga siendo una escuela de santidad.

Hoy podemos orar con el siguiente himno, tomado de la liturgia carmelitana:

Carmen de nuestra Señora, 
al despuntar la alborada, 
canta música callada 
en tu soledad sonora. 

Hoy los carmelitas santos 
nos dan a la amanecida 
sus ideales de vida 
a cambio de nuestros cantos. 

Teresa con su sencillo 
Camino de perfección 
nos guía por la oración 
y virtudes al castillo. 

Desde el eterno horizonte 
san Juan de la Cruz enseña 
dónde llega quien se empeña, 
por la subida del monte. 

Nimbada de la fragancia 
de sus rosas, Teresita 
a seguirla nos invita 
por el camino de infancia. 

Los santos que en soledad 
fueron de Dios por entero 
nos descubren el sendero 
que va a la interioridad. 

Los que emularon el celo 
de Elías y de Teresa 
nos convocan a la empresa 
misionera del Carmelo. 

Tributemos homenaje 
de amor a la Trinidad 
que hizo a María heredad 
y honor de nuestro linaje. Amén.

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