Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 22 de mayo de 2016

Santísima Trinidad 2016


Cada año celebramos la Pascua al llegar la primera luna llena de primavera. Este es el motivo por el que varía la fecha de todas las fiestas que dependen de ella: el miércoles de ceniza, con el que comienza la Cuaresma, es 40 días antes; el domingo de Pentecostés es 50 días después. Las semanas siguientes se celebra la fiesta de la Santísima Trinidad, el Corpus Christi y el Sagrado Corazón de Jesús.

De alguna manera, la fiesta de hoy es el resumen de toda nuestra fe: Dios es amor, familia, comunión de personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Aunque algunos grupos sectarios digan lo contrario, el misterio de la santísima Trinidad se revela en numerosos pasajes de la Biblia: 

Dios Padre envió el Espíritu Santo a María para que pudiera convertirse en la madre de su Hijo.

En el bautismo, el Padre envía el Espíritu Santo sobre Jesús, diciendo: «Este es mi Hijo».

Antes de su ascensión, Jesús dijo a los discípulos: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».

En la oración inicial de la misa de hoy, pedimos: «Dios, Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de la santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio, concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su unidad todopoderosa».

El catecismo dice así: «El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la jerarquía de las verdades de fe. Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado, y se une con ellos».

En la misa pedimos a Dios Padre que envíe su Espíritu sobre el pan y el vino para que su Hijo se haga presente en ellos. Hay un movimiento «descendente»: Padre➜Espíritu➜Hijo.

Después de la consagración, damos gloria al Padre, por Cristo en el Espíritu. Hay un movimiento ascendente: Hijo➜Espíritu➜Padre.

Ya he dedicado muchas entradas a este argumento: cantos, poesías, reflexiones... (se pueden consultar aquí). Feliz día a todos.

2 comentarios:

  1. Bendiciones trinitarias para usted Padre Eduardo!

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  2. ¡¡¡ PADRE ...! ¡¡¡ BENDITÍSIMA MUY FELIZ FIESTA

    DE LA TRINIDAD...!!!!!!!!!!!!!!!


    ¡¡¡ OH BENDITO DE DIOS ... ! CON CUANTA INTENSIDAD

    HA VIVIDO AL UNO Y TRINO

    Y LO SIGUE VIVIENDO ...!!!!!!!!!!!!!!!

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