Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 26 de enero de 2015

Un día cualquiera en el Desierto de las Palmas


Estoy a punto de concluir esta temporada que he pasado en el Desierto de las Palmas. Dentro de pocos días, si Dios quiere, me dirigiré a Ávila para participar en el capítulo extraordinario para la elección del primer provincial de la nueva provincia ibérica de los carmelitas descalzos. Después regresaré a Roma. He dedicado muchas entradas a hablar de este precioso lugar en que me encuentro (se pueden consultar aquí). Hoy les comparto cómo vivimos nuestra jornada cotidiana en estos días de invierno.

Nos levantamos antes que el sol y nos encontramos en la capilla a las 7,30 de la mañana, cuando aún es de noche. Antes de desayunar o de realizar cualquier otra actividad, nos ponemos en presencia del Señor del día y de la noche, rezamos el ángelus, invocamos al Espíritu Santo y hacemos media hora de oración silenciosa.

A las 8 de la mañana celebramos la misa con laudes y damos gracias al Señor hasta las 9, más o menos, en que nos dirigimos a desayunar. El desayuno es un acto informal, que dura poco. Cada uno se sirve lo que considera oportuno (café, leche, fruta, pan, galletas, mermelada y cosas por el estilo) y después friega la taza, plato y cubiertos que ha usado.

El resto de la mañana la dedicamos a trabajar, cada uno en sus ocupaciones: limpiar y preparar el comedor o la sacristía, ordenar la biblioteca, etc. El trabajo se desarrolla en ambiente de recogimiento, procurando que sea una prolongación de la oración. A veces hay que enseñar el museo a algunos visitantes o atender algún grupo en el centro de espiritualidad.

A las 13,15 nos volvemos a juntar en la capilla para rezar el oficio de lectura, la hora intermedia, unas preces carmelitanas, el examen de conciencia y el ángelus.

Poco antes de la 14,00 tenemos el almuerzo en común, fregamos juntos los cacharros, recogemos la cocina y pasamos un rato de encuentro en la sala de estar para dar una ojeada al periódico, ver las noticias o compartir los acontecimientos de la jornada.

La tarde la dedicamos normalmente a la lectura espiritual, al estudio, a preparar charlas o clases o a terminar los trabajos que han quedado pendientes por la mañana.

A las 20,00 horas rezamos vísperas, invocamos al Espíritu Santo y seguimos en oración silenciosa hasta las 21,00, que rezamos completas y nos dirigimos al refectorio para la cena. Después de cenar, fregamos los cacharros, recogemos la cocina y pasamos otro rato juntos en la sala de estar, conversando y compartiendo las noticias y acontecimientos de la jornada.

Hacia las 22,15 ya nos hemos retirado a nuestras habitaciones, donde cada uno aprovecha para leer, responder el correo o preparar los trabajos del día siguiente antes de descansar. Yo suelo preparar las entradas del blog a esa hora.

Los domingos varían un poco: hacemos la oración de la mañana de 8,00 a 9,00, celebramos la eucaristía a las 12,00 y tenemos adoración al Santísimo a las 19,30. 

1 comentario:

  1. Ya estoy pensando en los próximos ejercicios espirituales de principios de agosto. Recordar el Desierto de Las Palmas me trae muy buenos recuerdos. Los primeros que hice en agosto de 2011, fué mi inicio en el camino de la lectura de libros de espiritualidad, que tanto está llenando mi alma. José Mª Celdrán.

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