Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 4 de noviembre de 2012

El Cantar de los Cantares (y 2)

Ayer hicimos una presentación del contenido del Cantar de los CantaresLos últimos poemas del Cantar proponen un concepto más sedimentado del amor, marcado por la fidelidad indestructible, «más fuerte que la muerte». Pero el frescor del amor de prometidos no es, sin embargo, desdeñable. Los temores de perder a la persona amada, los sufrimientos por su ausencia, los deseos de una posesión plena y total, la referencia a la muerte, que acaba con todos los proyectos (8,6), recuerdan las limitaciones de todo amor humano, por muy maravilloso que sea y empujan al encuentro con Aquel que es fuego divino de amor, del que el amor humano es una pregustación, un anticipo, una participación en la «llamarada divina» (8,6), una promesa. Las sucesivas etapas del amor humano son buenas en sí mismas, pueden servir incluso de experiencia religiosa y convertirse en signos del amor de Dios hacia su pueblo y hacia cada persona.

La presencia del Cantar de los Cantares en la Sagrada Escritura recuerda al hombre que su universo no está hecho solo de técnica y de razón, de ciencia y de economía (ni solo de teología y derecho canónico), sino también de gratuidad y de don, de amor y de poesía, de mística (experiencia del misterio) y espiritualidad (vida en el Espíritu). Ni siquiera la religión se libra del peligro de «cosificación», en la que unos ritos se repiten continuamente, con el peligro de que desaparezca la ilusión inicial: «He de echarte en cara que has dejado enfriar el amor primero. Recuerda, pues, de dónde has caído; cambia de actitud y vuelve a tu conducta primera» (Ap 2,4-5).

El Cantar de los Cantares se convierte en una alegoría, en la que las peripecias del esposo (Dios) y de la esposa (Israel) se captan en el desarrollo de la historia del pueblo hebreo, especialmente en los dramáticos episodios relacionados con el destierro. Se da una estrecha relación entre la interpretación alegórica judía y la interpretación alegórica patrística: el esposo es ahora Cristo y la esposa es la Iglesia. Orígenes es el principal representante de esta interpretación, que se amplía para explicar también las relaciones entre Cristo y el alma del creyente.

A la luz del Cantar podremos entender mejor el sentido de las pruebas místicas, que se cuentan entre las más terribles de la existencia: la noche de los sentidos, la noche del espíritu, la noche de la fe, cuando el hombre va a tientas en busca de un amor que ya posee, pero aún no en plenitud: «Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero / que muero porque no muero. // Cuando me pienso aliviar / de verte en el Sacramento / háceme más sentimiento / el no te poder gozar. / Todo es para más penar / por no verte como quiero / y muero porque no muero» (S. Juan de la Cruz). 

También nosotros podemos gozar ya de encuentros breves con el Amado, que se repiten en distintas ocasiones. Estas posesiones momentáneas, limitadas, nos hacen desear un encuentro total y definitivo, cuando se rompa definitivamente «la tela del encuentro»: «¡Oh noche que guiaste!, ¡oh noche, amable más que la alborada!, ¡oh noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada!». «Quedéme y olvidéme, / el rostro recliné sobre el Amado. / Cesó todo y dejéme, / dejando mi cuidado, / entre las azucenas olvidado» (S. Juan de la Cruz).

2 comentarios:

  1. ¡¡Que voces tan bonitas!! ¿Como no empezar el dia con alegria, leyendo estas cosas y escuchando esta musica?
    Gracias padre. Gracias Señor. Fina

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  2. "Amada en el Amado transformada" ¡Qué tal nos suceda!en palabras de la
    Santa.Preciosas canciones.Todo el mensaje es muy motivador;la caricia
    diaria del Amado.Gracias,Señor.Betania.

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