Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 20 de enero de 2015

Los desiertos de Israel


La semana pasada estuve en Israel. No tuve ocasión de acercarme a ninguna de sus ciudades y santuarios (excepto Jerusalén y Tel Aviv -de paso- y la iglesia de los franciscanos de Jafa, donde celebré misa el domingo del bautismo del Señor). Solamente visité los desiertos de Judea, de Aravá y del Negueb.

Como en la peregrinación de este año incluiremos tres jornadas por los desiertos (con baños en el Mar Muerto y en el mar Rojo), tuve la oportunidad de preparar las visitas, para que sean una verdadera catequesis bíblica para los participantes.

Un desierto, por definición, es un lugar donde no llueve casi nunca y las precipitaciones no superan los 500 mililitros anuales. Sin embargo, los días que yo estuve en Israel, no paró de llover y de nevar. La persona que nos acompañaba (responsable de una agencia de viajes local con la que organizo las peregrinaciones cada año) nos dijo que en 40 años nunca había visto llover de esa manera.

La verdad es que impresionaba ver cataratas en el desierto y los ríos llenos de agua. Los famosos "widian", que en singular se dice "wadi", son valles escavados a lo largo de milenios por ríos que solo llevan agua cuando llueve. Como la tierra está tan seca y es arcillosa, no absorbe el agua, que circula formando corrientes impetuosas, que arrastran todo a su paso.


El desierto de Judea (en la foto de arriba) baja desde Jerusalén hacia el Mar Muerto. Entre otras cosas interesantes, allí se encuentran la fortaleza de Masada (que estaba cerrada al público porque los accesos se habían inundado) y las excavaciones de Qumram (que también estaban cerradas porque las lluvias habían provocado desprendimientos en la carretera, por lo que estaba cortada al tráfico).


El desierto del Neguev (en la foto de arriba) es inmenso, y desciende desde la ciudad de Beer Sheva (lugar del pacto de Abrahán con Abimelec) hasta encontrarse con el desierto del Sinaí cerca de Eilat, junto al Mar Rojo. Es la tierra de los patriarcas, donde se sitúan la mayor parte de los acontecimientos narrados en el Génesis. Además, en él se encuentra el parque de Timna, con las famosas minas del rey Salomón (en uso desde el VI milenio a. C. hasta la Edad Media), el cráter Ramón (el más extenso del mundo, de 40 km de largo), la ruta del incienso con restos de ciudades navateas y otras cosas bien interesantes.


El desierto de Aravá (en la foto superior) se extiende por el valle del Jordán, desde el Mar Muerto hasta el Mar Rojo, a un nivel más bajo que el del Neguev, aunque formando parte de él. Es la tierra de Sodoma y Gomorra y allí están los espacios por los que Israel anduvo durante 40 años, guiado por Moisés.

1 comentario:

  1. Gracias, muchas gracias! Una vez mas nos transporta a sitios lejanos... en la historia y en la geografía! Solo nos faltó la foto con aguas torrenciales...

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