Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 17 de mayo de 2013

El Espíritu Santo en el Antiguo Testamento


Siempre es difícil hablar del Espíritu Santo. En el Antiguo Testamento, el Padre revela algo de su propia identidad: «Yo no quiero la muerte del pecador», etc. En el Nuevo Testamento se manifiesta el Hijo: «Yo soy el camino», etc. El Espíritu Santo está presente en la Sagrada Escritura desde el principio (Gn 1,2) hasta el final (Ap 22,17), pero nunca ha hablado con el pronombre personal «Yo». Permanece en el anonimato. 

Desde nuestra experiencia, sabemos lo que es un padre y podemos hacernos una idea de la primera persona de la Santísima Trinidad (aunque imperfecta). También sabemos lo que significa ser hijo y, mirando a Jesús, podemos comprender algo sobre la segunda persona de la Santísima Trinidad (aunque siempre nos quede lo más y mejor por descubrir). Pero no tenemos puntos de referencia para hablar del Espíritu Santo: Él no tiene forma ni figura, ni encontramos analogías para explicar su misterio.

La misma palabra «Espíritu» puede ser aplicada también al Padre y al Hijo. Y con la calificación «Santo» sucede lo mismo: también el Padre y el Hijo lo son. Al Espíritu Santo no lo podemos conocer por lo que es en sí mismo, sino por sus efectos, por su obra en la creación y en la historia de la salvación, ya que el Espíritu es la acción misma de Dios: el Poder con el que Dios actúa, la Gracia por la que Dios es gracioso, el Amor con el que Dios ama.

En hebreo, Espíritu se dice Ruah. Esa palabra significa originalmente soplo, aliento, aire, viento. Tiene un profundo sentido dinámico. Es de género femenino, por lo que su relación con la vida y con la generación es muy fuerte.

Se habla del Espíritu que invade (Nm 24,2), llena (Dt 34,9), se apodera de (Jc 6,34), empuja (Jc 13,25), irrumpe sobre (Jc 14,6.19), se aparta de y se adueña de (1Sam 16,14ss), lleva lejos (1Re 18,12), arroja (2Re 2,16), se derrama desde arriba (Is 32,15), entra en (Ez 2,2), levanta y arrebata (Ez 3,14), conduce (Ez 8,3), cae sobre (Ez 11,5)... Verbos que no hacen referencia a algo, sino a Alguien que actúa y que no está a control de los hombres, sino que toma la iniciativa.

En definitiva, la Sabiduría de Dios, su Soplo, su Espíritu es Dios para nosotros, con nosotros, en nosotros; la acción misma de Dios. 

- En primer lugar, es aquella fuerza de Dios por la que Él se manifiesta activo para crear todo, dar la vida a los seres y mantener todo en la existencia.

- En segundo lugar, es la manifestación del poder de Dios, por medio del cual realiza una historia de salvación: conduce a su pueblo, suscitando para él guías, profetas y sabios y que actuará en plenitud en el mesías.

- Por último, es el don personal por el que Dios actúa en cada hombre, dándole la salvación sobrenatural, la plenitud de la vida, un corazón nuevo, la posibilidad de vivir la vida de Dios, el perdón de los pecados, la resurrección.

3 comentarios:

  1. P. Eduardo, aunque un día después yo también quiero unirme a todas las felicitaciones por su bog, y deseo que siga con nosotros muuuuuchos años.
    Un abrazo.

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  2. No sé qué tiene el Antiguo Testamento que, con frecuencia, me llega mucho más hondo que las palabras de San Pablo.
    No me había dado cuenta y tampoco había oído nunca la observación que haces sobre la ausencia del pronombre "Yo" para referirse al Espíritu Santo. Muy interesante y revelador.
    Por cierto, la sucesión de verbos que has enlazado haciendo referencia a las citas y que queda produce un efecto tan dinámico, recuerda al soneto de Lope de Vega en el que encadena verbos y adjetivos para referirse al amor.
    Con estos verbos que citas aquí y con los participios que citas en la entrada que hablas del Espíritu Santo en el Nuevo Testamento, se podría hacer un soneto sobre la acción del Espíritu Santo: los cuartetos para los verbos y los tercetos para los participios. O al revés ¿Por qué no te animas a hacerlo? O si no, a ver si se anima el amigo tuyo que componía el otro día aquel hermoso poema a Santa Teresa.
    http://users.ipfw.edu/jehle/poesia/desmayar.htm

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    1. Escribí alguna poesía en tiempos pasados, pero ya hace muco tiempo de eso...

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