Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 30 de diciembre de 2017

Que se duerme mi niño...


La Navidad siempre ha despertado sentimientos de ternura al contemplar a un Dios que por amor se hace niño pequeño y frágil, que voluntariamente ha querido compartir con nosotros el frío, el hambre, la sed y los sufrimientos. También los gozos y las esperanzas.

Ponemos nuestras vidas en sus manos y nos unimos a la Virgen María para rezar este poema natalicio de Félix Lope de Vega (1562-1635).

Pues andáis en las palmas,
ángeles santos,
que se duerme mi niño, 
tened los ramos.

Palmas de Belén
que mueven airados
los furiosos vientos
que suenan tanto:
no le hagáis ruido,
corred más paso,
que se duerme mi niño, 
tened los ramos.

El niño divino
que está cansado
de llorar en la tierra
por su descanso,
sosegar quiere un poco
del tierno llanto.
Que se duerme mi niño,
tened los ramos.

Rigurosos hielos
le están cercando,
ya veis que no tengo
con qué guardarlo.
Ángeles divinos
que vais volando, 
que se duerme mi niño,
tened los ramos.

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