Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 20 de enero de 2018

Convertíos, porque el reino de Dios está cerca


Nos disponemos a celebrar el domingo tercero del Tiempo Ordinario, ciclo "b". La semana pasada escuchamos que Andrés y Juan pasaron el día con Jesús y, después, anunciaron a sus hermanos lo que habían vivido aquel día.

El evangelio de la misa de este domingo nos cuenta las primeras llamadas de Jesús, que buscó colaboradores para la tarea de anunciar el evangelio. He hablado del evangelio de hoy bajo esa perspectiva en la siguiente entrada:

Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.

El evangelio de este domingo también nos dice que Jesús anunciaba: "El reino de Dios está cerca". He tratado ese tema en esta entrada:

La predicación de Jesús: el reino de Dios.

Después de afirmar que el reino de Dios está cerca, las siguientes palabras de Jesús son: "Convertíos". Ya he tratado otras veces de lo que esto significa. Les recuerdo algunas ideas:

El Antiguo Testamento, para hablar de la «conversión», usa la palabra hebrea «šub», que se utilizaba para señalar que alguien que seguía un camino equivocado vuelve atrás y emprende el correcto. 

El Nuevo Testamento usa la palabra griega «metanoia» que en su origen tenía el mismo sentido, aunque terminó significando «cambiar de opinión, arrepentirse». 

La conversión en la Biblia indica una verdadera transformación, que conlleva una nueva manera de actuar: «No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente» (Rom 12,2). 

Convertirse conlleva una opción radical, en la que no bastan los pequeños reajustes, ya que no es una simple decisión moral, sino una elección de fe, que nos lleva a unirnos a Jesús, a vivir como él vivió.

A esto nos invita la liturgia de este domingo: a acoger el reino de Dios que Jesús nos regala, a convertirnos y a ser sus colaboradores en el anuncio del evangelio.

El 20 de enero se celebra la fiesta del beato Ángel Paoli, o. carm., del que he hablado aquí.

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