El universo simbólico de san Juan de la Cruz constituye una de las claves fundamentales para comprender su pensamiento y su experiencia mística. En sus escritos, las realidades más sencillas de la vida cotidiana (animales, flores, paisajes, fenómenos naturales) dejan de ser simples elementos decorativos para convertirse en vehículos de una profunda enseñanza espiritual.
El santo toma muchas imágenes de la tradición bíblica, de la literatura amorosa y de la cultura de su tiempo, pero las transforma con gran libertad creativa. Por eso, sus símbolos no poseen un significado único y fijo, sino que adquieren matices diversos según el contexto. Esta riqueza simbólica explica que sus contemporáneos admiraran la belleza de sus versos y, al mismo tiempo, le pidieran con frecuencia explicaciones para comprender su verdadero sentido.
Un ejemplo especialmente significativo es el de los animales, en particular el ciervo. En la poesía amorosa tradicional, el varón suele ser el cazador que busca y conquista, mientras que la mujer aparece como la cierva herida que espera. San Juan rompe este esquema. En el Cántico espiritual, tanto Cristo como el alma pueden ser simultáneamente cazador y presa. El Amado hiere con las flechas de su amor, pero también queda herido por el amor de la esposa. Esta paradoja expresa la reciprocidad del amor divino: la herida de uno es la herida de ambos. El mismo simbolismo aparece en otras imágenes, como el cauterio de amor, cuya herida sana precisamente porque hiere más profundamente.
Otros animales suelen tener un valor positivo. El ciervo simboliza al amante fiel que busca el agua refrescante y acompaña a su compañera herida; el león representa la fortaleza de las virtudes; la paloma expresa la pureza, la sencillez y la contemplación amorosa; la tórtola evoca la fidelidad inquebrantable; y el ruiseñor anuncia la primavera espiritual de la unión con Dios. Sin embargo, estos mismos animales pueden adquirir un significado negativo cuando el contexto lo exige. Así, los ciervos pueden representar también la concupiscencia o la cobardía, mostrando la extraordinaria flexibilidad del lenguaje simbólico sanjuanista.
Las flores constituyen otro ejemplo privilegiado. En unas ocasiones representan los placeres y satisfacciones que distraen al alma de su búsqueda de Dios; en otras, simbolizan a los ángeles y santos, las virtudes del alma, los dones divinos, las almas redimidas o incluso el amor mismo de Dios. Un mismo símbolo puede abarcar significados muy diversos en momentos distintos, todos ellos integrados en la dinámica espiritual del poema.
En definitiva, los símbolos de san Juan de la Cruz no son adornos literarios, sino instrumentos de conocimiento espiritual. Gracias a ellos, lo visible se convierte en transparencia de lo invisible y la realidad cotidiana se transforma en camino hacia el misterio. Su función es profundamente mistagógica: conducir al lector desde las experiencias humanas más cercanas hasta la contemplación amorosa de Dios.
Resumen de las páginas 243-249 de mi libro Eduardo Sanz de Miguel, «Luz en la noche del alma. Vida y legado de san Juan de la Cruz». Grupo editorial Fonte, Burgos 2025.

gracias Padre Eduardo, seguimos aprendiendo o recordándo, he seguido haciendo la lectura del material que nos dieron en la semana de espiritualidad donde aprendí mucho, ahora me cuando voy meditando algún salmo o poema lo voy cantando, por favor nos cuenta cuando sus libros como el que menciona en esta entrada ya lo tiene en digital, saludos Padre, espero ya se encuentre bien y ojalá haya podido darse una vuelta por alguna playa en Panamá, saludos cordiales y bendiciones desde Guatemala.
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