Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 14 de marzo de 2022

Retiro de Cuaresma


Con el deseo de acercarnos al Señor en este tiempo de Cuaresma, nos dirigimos al seminario de El Burgo de Osma para participar en un retiro organizado por la delegación de pastoral de la diócesis y dirigido por el padre Eduardo Sanz de Miguel, carmelita descalzo de la comunidad de Soria.

Se llenaron todas las habitaciones, ya que después de la interrupción a causa de la pandemia, éramos muchos los que queríamos retomar esta buena práctica. ¡Ha sido un regalo de Dios, una experiencia de gracia!

Unos acudimos desde Soria, otros desde el Burgo, Almazán, Ólvega y otros lugares de la provincia. Incluso desde Lérida vino un matrimonio encantador.

Hemos tenido momentos de adoración al Santísimo, de reflexión, de celebración y de convivencia. Hicimos un Vía Crucis por el campo, subiendo hasta la "Cruz del siglo", que está en lo alto de una montaña, desde la que se divisa toda la población. Terminamos bailando el "Shemá Israel" en la cima del monte, pidiendo al Señor que nos permita recordar siempre hasta dónde nos amó, "hasta el extremo", y que nos conceda perseverar siempre en su amor.

Nos servían a la mesa los seminaristas y sus formadores, dándonos ejemplo de lo que debe ser la vida cristiana: servicio, imitando a Jesucristo, que vino a servir a todos hasta las últimas consecuencias.

Hemos hablado sobre la Cuaresma como tiempo de gracia que Dios nos concede, tiempo de conversión, tiempo de preparación para la Pascua, tiempo para concentrarnos en lo esencial.

Este ha sido un argumento muy interesante. En todas las dimensiones de la vida hay muchas cosas que no son importantes, otras que sí que lo son, pero pocas son verdaderamente esenciales. 

En la vida de fe son muy importantes los sacramentos, las prácticas piadosas, la moral... pero solo Jesucristo es esencial. Él da sentido al cristianismo, a lo que somos y a lo que hacemos. Por lo tanto, él debe ocupar el primer lugar: tenemos que crecer en el conocimiento de Cristo, en acoger su amor, en revestirnos de sus sentimientos, en parecernos a él. Y todo lo demás se nos dará por añadidura.

Durante la pandemia, por ejemplo, no hemos tenido sacramentos presenciales en algunas ocasiones, no hemos tenido encuentros públicos de fe (como las procesiones o estos retiros), pero Cristo no nos ha faltado en ningún momento, caminando siempre a nuestro lado.

Como es natural, hemos hablado de la oración, la limosna y el ayuno, entendido como privarnos de cosas o de tiempo para darlo a los demás. 

¡Ay, el sacrificio que más nos cuesta no es ofrecer a Dios o a los hermanos lo que nosotros hemos decidido, sino aquello que no teníamos pensado! Hemos de aprender a acoger con paz las contrariedades de la vida, a conservar la serenidad ante las circunstancias que nos sorprenden y que muchas veces no entendemos.

Cuando compartimos los participantes nuestras experiencias, haciendo evaluación, todos coincidimos en que ha sido una experiencia de gracia. Verdaderamente, el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres.

Damos gracias especialmente al padre Eduardo, por su sabiduría expuesta de manera sencilla y distendida, al seminario, con su rector al frente, por su amabilidad, a Marichu, por sus desvelos para que todo saliera bien, y a todos los que han colaborado para que la convivencia fuera perfecta.

Aurora y Raquel.

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