(El mosaico representa la resurrección de Lázaro)
Nuestra sociedad quiere hacer feliz a la gente, mejorar su «calidad de vida». Para conseguirlo, va suavizando todo lo que molesta, apartando lo que estorba, silenciando gritos, acallando preguntas. Parece que hay interés por ocultar el sufrimiento y la muerte: los enfermos son llevados a los hospitales, los ancianos a las residencias geriátricas y los muertos a los tanatorios. Los cementerios se rodean de altas tapias cada vez más lejos de los núcleos urbanos... Sin embargo, antes o después tenemos que vivir acontecimientos que nos presentan la realidad con toda su crudeza: una enfermedad incurable, un accidente de tráfico, la muerte de un ser querido. Entonces nuestras seguridades y nuestra propia existencia se tambalean, como les sucedió a Marta y María con la muerte de Lázaro.