Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 25 de agosto de 2012

25 de agosto. Santa María de Jesús crucificado, o.c.d.

María de Jesús Crucificado nació en Abellin, un pueblecito cerca de Nazaret, en Tierra Santa, el año 1846. Su nombre de pila fue Miriam Bawardi. Quedó huérfana a los tres años y un tío suyo la trasladó a Alejandría de Egipto, donde la prometió muy joven en matrimonio. Ella lo rechazó, porque había consagrado a Dios su virginidad. Un vecino musulmán, que se había ofrecido a ayudarla, la hirió gravemente porque rechazó abandonar la fe cristiana. Trabajó como criada de varias familias en Alejandría, Jerusalén, Beirut y Marsella. En esta ciudad pidió su ingreso en una comunidad religiosa, que la rechazó a los pocos meses por los fenómenos místicos extraordinarios que siempre la acompañaron.

Se hizo carmelita descalza en Pau (Francia) y profesó en Mangalore, adonde acudió con el grupo de carmelitas descalzas que fundaron el primer monasterio contemplativo de la India. Más tarde fundó en Belén el primer convento contemplativo de Tierra Santa. Falleció mientras trabajaba en la construcción de un monasterio en Nazaret. Sobresalió por su vida humilde y de oración. Murió el 26 de agosto de 1878. Fue beatificada en 1983 y canonizada en 2015. Los cristianos de palestina le tienen una gran devoción y muchos peregrinan hasta la tumba de esta “florecilla árabe” en busca de ayuda en sus necesidades.

Oración colecta. Oh Dios, Padre de las misericordias y de toda consolación, que has conducido a santa Miriam, hija humilde de la Tierra Santa, hasta la contemplación de los misterios de tu Hijo y la has hecho testigo de la caridad y del gozo del Espíritu Santo; concédenos, por su intercesión, que, participando de los sufrimientos de Cristo, podamos exultar de alegría en la revelación de tu gloria.

Oración sobre las ofrendas. Señor, te proclamamos admirable en tu virgen santa María de Jesús Crucificado, y humildemente rogamos a tu divina Majestad que, así como te complaces en los méritos de esta virgen, aceptes igualmente complacido el culto que tu pueblo te tributa.

Oración después de la comunión. Señor, fortalecidos con tu eucaristía, te pedimos que, a ejemplo de santa Miriam, llevemos en nuestro cuerpo la muerte de Cristo y nuestra vida sea un esfuerzo continuo por unimos cada vez más a ti.

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