Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 2 de julio de 2012

Reflexión soble los «carismas»


Estamos en el mes de julio, mes de la Virgen del Carmen. Esta es una buena oportunidad para reflexionar sobre la identidad y la historia de los carmelitas.

En la Iglesia hay numerosos «carismas», que son dones de Dios para que todos, cada uno con su sensibilidad particular, podamos encontrar una manera concreta de vivir nuestra fe.

Mañana, si Dios quiere, hablaremos del «carisma» del Carmelo, de su identidad. Y pasado mañana de las peculiaridades propias del «carisma» del Carmelo descalzo. Pero antes trataremos de los «carismas» en general. 

El término «carisma» proviene del griego (charis) y hace referencia a algo que Dios regala a los seres humanos y que les provoca bienestar (puede ser un objeto o una capacidad). De la misma raíz vienen las palabras «gratis», «gratuito», «gracia», «gracioso» y «caridad». Estas palabras se refieren siempre a dones generosos por parte de Dios e inmerecidos por parte del hombre.

Los «carismas» en la Biblia

En el Antiguo Testamento algunos personajes reciben el Espíritu Santo que les capacita para realizar una misión a favor del pueblo (cf. Jue 11,29; 1Sam 11,26; etc.). En el Nuevo Testamento san Pedro utiliza el término una vez: «Cada uno ha recibido su don. Ponedlo al servicio de los demás, como buenos administradores de los carismas recibidos de Dios» (1Pe 4,10). San Pablo lo usa 16 veces para hablar de aquellas capacidades particulares que Dios reparte entre los creyentes para el bien de la comunidad y para la construcción de la Iglesia. Son manifestación de la única gracia que el Padre nos ofrece por Cristo en el Espíritu de manera generosa y gratuita y que se diversifica en cada persona.

San Pablo ofrece un tratado sobre los carismas y su significado en 1Cor 12-14: «Hay diversidad de carismas, pero un solo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero un solo Dios que las activa todas. A cada cual se le concede un don del espíritu para el bien común. Porque a uno el Espíritu lo capacita para hablar con sabiduría, mientras que a otro el mismo Espíritu le concede una doctrina superior». 

En sus escritos, el apóstol de los gentiles llega a citar más de 20 carismas distintos: apostolado, diaconía, don de gobierno, poder de hacer milagros, capacidad para enseñar, sabiduría, ciencia, fe, curaciones, profecía, discernimiento de espíritus, don de lenguas, interpretación de lenguas, etc. Todos ellos son valorados positivamente: «No extingáis el Espíritu, no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno» (1Tes 5,19-21). 

Sin embargo, rechaza toda apropiación individual de estos dones. Quien quiere apropiarse de ellos los convierte en estériles y perjudiciales. Por eso interviene con su autoridad apostólica para discernirlos y encauzarlos al bien común. Todos los carismas que Dios regala, los da para el bien de toda la comunidad y la extensión de la Iglesia. Si no cumplen con estos cometidos es porque son falsos o están siendo mal utilizados. Todos son útiles, pero no imprescindibles. Dios puede suscitar unos u otros en cada momento.

Para san Pablo, el criterio último y definitivo que nunca puede faltar es la «caridad», la que de verdad impulsa el crecimiento continuo y ordenado de la Iglesia hasta la medida del hombre perfecto, que es Cristo. Los demás carismas pueden ser pasajeros o permanentes, normales o extraordinarios, pueden aparecer unos y desaparecer otros según las capacidades de los individuos y las necesidades de las personas, pero todos estamos llamados a vivir la plenitud del amor.

El «carisma» en la historia

San Pablo también introduce entre los «carismas» el celibato y el matrimonio (1Cor 7,7). Algunos Padres hablan de los carismas del exorcismo, del ayuno, de la continencia, del martirio, de la misericordia. Sin embargo, cada vez se utilizó la palabra en un sentido más restringido, llegando a reservarse para los dones extraordinarios: milagros y profecías, principalmente. Incluso se llegó a afirmar que los «carismas» fueron dones de Dios a la Iglesia primitiva, porque se estaba construyendo y necesitaba de esas ayudas; pero una vez que ya está establecida, no los necesita, por lo que habrían desaparecido. Algunos escritores afirmaban que Dios sigue repartiendo sus «dones y gracias» a todos y de una manera especial a los fundadores de órdenes religiosas, aunque sin utilizar el término «carisma».

El Vaticano II redescubrió el término con su sentido más original: Dios suscita una inmensa variedad de carismas en la Iglesia, que la enriquecen, embellecen y contribuyen positivamente a la construcción del único Cuerpo de Cristo. La Perfectae Caritatis invitó a los consagrados a que clarificaran el propio carisma congregacional, el que Dios regaló a la Iglesia por medio de sus fundadores, a veces oscurecido por añadidos o desviaciones posteriores: «Reconózcanse y manténganse fielmente el espíritu y propósitos de los propios fundadores [...]. Busquen un conocimiento genuino de su espíritu primero, de suerte que conservándolo fielmente al decidir las adaptaciones, la vida religiosa se vea purificada de elementos extraños y libre de lo anticuado».

El concilio habla del «espíritu de los fundadores». El primero que usa el término «carisma de los fundadores» es Pablo VI. Por su parte, Juan Pablo II invitó a los religiosos a vivir una «fidelidad creativa al carisma de los fundadores». En la Mutua Relationes escribe: «El carisma de los fundadores se revela como una experiencia del Espíritu, transmitida a los propios discípulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sintonía con el cuerpo de Cristo en crecimiento perenne. Por eso la iglesia defiende y sostiene la índole propia de los diversos institutos».

4 comentarios:

  1. Hoy pido al Señor que me conceda saber cual es mi carisma, y tambien le pido la generosidad de ponerlo al servicio de los demas.Fina.

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  2. PIENSO QUE NO TODAS LAS PERSONAS TIENEN CARISMA.¿O ES QUE PUEDE ESTAR
    SIN ACTIVAR?

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    1. El Señor ha repartido a todos numerosos dones, aunque no siempre tengamos conciencia de ellos. Cuando esos dones son al servicio del pueblo de Dios los llamamos "carismas". Es verdad que algunos de estos "carismas" no los terminamos de activar, lo que es una pena.

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  3. Los Carismas son dones espirituales, gratuitamente derramados, que no dependen del mérito ni de la santidad personal, ni tampoco son necesarios para llegar a la santidad, pero el ejercicio abnegado de ellos produce progreso en la vida espiritual por ser actos de servicio al prójimo.
    San Pablo nos dice:
    “No apaguen el Espíritu, no desprecien lo que dicen los profetas. Examínenlo todo y quédense con lo bueno” (1a. Tes. 5, 19-21).
    Y es así que mientras más se adelanta en la Oración, más debe acudirse a las necesidades del prójimo. La Oración que adormece, que ensimisma, no es genuina, la verdadera oración genera servicio a los hermanos. Para saber qué clase de oración se tiene, debemos medir cómo es nuestro compromiso con los demás.
    Saludos. Conchita

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