Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 4 de enero de 2018

Los "católicos" que rechazan al papa Francisco, en realidad rechazan el concilio Vaticano II


El profesor Andrea Tornielli publicó el 3 de enero de 2018 un interesante artículo en el que analiza un libro contra el pensamiento del papa Francisco que acaba de salir a la luz. Es un escrito denso, pero muy clarificador, titulado "De las acusaciones a Francisco a aquellas contra Ratzinger".

Por desgracia, hay personas en la Iglesia del siglo XXI que piensan como en el siglo XIX y querrían seguir viviendo en el siglo XIX, rechazando aceptar que el mundo está en perenne evolución y, por lo tanto, también cambia nuestra percepción del mundo, nuestro lenguaje y nuestra comprensión de la fe.

A la mayoría de mis lectores no les interesan estos argumentos, y muchos se dejan influenciar por aquellos que se presentan como "guardianes de la tradición" y de la esencia del cristianismo que, conservando algunas tradiciones externas en las maneras de vestir, de cantar, de celebrar la misa, en realidad están escondiendo sus inseguridades y su incapacidad para enfrentarse a una sociedad distinta de la que ellos soñaron.

Esas personas ahora alaban a Juan Pablo II y a Benedicto XVI y dicen que Francisco piensa y actúa de manera distinta a como lo hacían ellos, pero antes de que llegara Francisco atacaban a Benedicto XVI y antes a Juan Pablo II y antes a Pablo VI, porque, en el fondo, lo que no aceptan es el concilio Vaticano II, al que intentan quitar importancia, afirmando que solo era pastoral y no doctrinal, cuando en realidad fue un examen de conciencia de la Iglesia, que repensó su manera de entenderse a sí misma y de situarse en el mundo.

A mí me parece un tema apasionante, porque nos ayuda a comprender que muchas veces queremos dar respuestas viejas a interrogantes nuevos, lo que nos lleva a un sinsentido absoluto.

Es verdad que la Iglesia cambió mucho en el siglo XX y también es verdad que la Iglesia y la humanidad han cambiado en cada uno de los siglos anteriores. Lo absurdo es pretender que el ser humano permanezca estancado en la era de las cavernas o en alguna otra época del pasado.

El problema de fondo es si creemos de verdad en un Dios que se ha encarnado, que ha entrado en nuestra historia, que camina a nuestro lado, o si preferimos seguir hablando de filosofías inmutables, a-históricas, fuera del tiempo y del espacio.

Esta es la presentación del artículo que hace el periódico "La Stampa": 

"Un libro de E.M. Radaelli, con introducción del teólogo Livi, critica “Introducción al cristianismo” del futuro Benedicto XVI y confirma que muchas de las “correcciones” a Bergoglio tienen que ver también con los predecesores y tienen como verdadero objetivo el Vaticano II".

Y este es el contenido del artículo, que pueden leer en su versión original en italiano en este enlace.

Lo había dicho el filósofo Rocco Buttiglione, comentando la “correctio filialialis” que acusaba al papa Francisco de propagar enseñanzas heréticas: en el origen de muchas críticas doctrinales contra el actual pontífice existe una oposición también a sus predecesores y, en último lugar, al Concilio. Y ahora esta constatación encuentra nuevas confirmaciones en un libro firmado por Enrico Maria Radaelli que critica duramente el pensamiento teológico de Joseph Ratzinger y su obra fundamental “Introducción al cristianismo” con el aval del teólogo Antonio Livi, que fue docente de la universidad Lateranense y uno de los firmantes de la “correctio”.  

“No conozco a todos los firmantes de la correctio – había dicho el pasado octubre Buttiglione -. De los que conozco, algunos son lefebrianos. Estaban contra el Concilio, contra Pablo VI, contra Juan Pablo II, contra Benedito XVI y ahora están contra el papa Francisco... Alguno afirma públicamente que la desviación de la Iglesia inicia con León XIII y la encíclica 'Au milieu des sollicitudes' con la que León XIII traicionó la alianza del trono y del altar y renunció al principio del derecho divino de los reyes... Se busca aislar al papa Francisco poniéndole en contra de sus predecesores, pero estos adversarios son también los adversarios de sus predecesores”.  

Radaelli es alumno e intérprete de Romano Amerio, el autor del libro “Iota Unum. Estudio de las variaciones de la Iglesia Católica en el siglo XX”, en el cual se sostenía la presencia del “modernismo teológico” en la constitución conciliar Gaudium et spes y en otros textos del Vaticano II. Su libro – “Al cuore di Ratzinger. Al cuore del mondo” (Edizioni Pro-manuscripto Aurea Domus) – se proponía “rebatir una por una las enseñanzas” de Ratzinger “a partir de su método histórico”, enseñanzas que “considera profundamente erróneas, peligrosas para la fe como solo una síntesis de las doctrinas modernistas pueden ser”.
El volumen se propone “convencer al antiguo profesor, después papa, ahora de nuevo cardenal, a repudiar públicamente, lo antes posible y completamente” todos los conceptos “impropios” de su “Introducción al cristianismo” que “infectan las páginas, antes de que, para él se entiende, sea demasiado tarde”. Y quiere “demostrar al mayor número de lectores posible, ser falsas y engañosas una por una y todas juntas las doctrinas enseñadas, en modo de contribuir para que la Iglesia vuelva a la solidez de la fe de siempre”.

A acreditar con su introducción el libro de Radaelli es Antonio Livi, docente de la Pontifica Universidad Lateranense, firmante del documento que acusa de herejía al papa Francisco. Livi escribe: “Creo que es indispensable, en la actual coyuntura teológico-pastoral, tener en cuenta lo que ha demostrado plenamente Enrico María Radaelli en su último trabajo, a saber, esa hegemonía (antes y después de la ley) de la teología progresista en las estructuras del magisterio y de gobierno de la Iglesia católica se debe también y quizás sobre todo a las enseñanzas de Joseph Ratzinger profesor, que nunca han sido negadas ni superadas por Joseph Ratzinger obispo, cardenal y papa”. 

Radaelli, de acuerdo con Livi, sostiene que “la teología que Ratzinger ha siempre profesado y que se encuentra en todos sus escritos, incluso los firmados como Benedicto XVI (los tres libros sobre “Jesús de Nazaret” y dieciséis volúmenes de “Enseñanzas”) ... es una teología inmanentista en la que todos los términos tradicionales del dogma católico permanecen lingüísticamente inalterados pero su comprensión cambia: se dejan de lado porque son considerados incomprensibles los esquemas conceptuales de las Escrituras, de los Padres y del Magisterio... los dogmas de la fe son interpretados de nuevo con los esquemas conceptuales típicos del subjetivismo moderno (del trascendental Kant al idealismo dialéctico de Hegel)”. 

“A pagar las consecuencias - escribe Livi en la introducción - es sobre todo la noción básica del cristianismo, la de la fe en la revelación de los misterios sobrenaturales por Dios, es decir, la “fides qua creditur”. Esta noción resulta irremediablemente deformada, en la teología de Ratzinger, por la adopción del esquema kantiano de la imposibilidad de un conocimiento metafísico de Dios, con el consiguiente recurso a los “postulados de la razón práctica”, que implica la negación de las premisas racionales de la fe y la sustitución de las “razones para creer” ... con la única “voluntad de creer”, que fue teorizada por la filosofía de la religión pragmática” .

“Ratzinger – continúa Livi – ha sostenido siempre, incluso en los discursos más recientes, que el acto de fe del cristianismo tiene como su objetivo específico, no los misterios revelados por Cristo sino la misma persona de Cristo, conocido en la Escritura y en la liturgia de la Iglesia. Pero es un conocimiento incierto y contradictorio, demasiado débil para resistir a la crítica del pensamiento contemporáneo. Tanto que la teología de hoy, según Ratzinger, no consigue habar de la fe si no es en términos ambiguos y contradictorios”.  

“La realidad es que la teología neomodernista – concluye Livi – con su evidente deriva herética ha asumido gradualmente un papel hegemónico en la Iglesia (en los seminarios, en los ateneos pontificios, en las comisiones doctrinales de las conferencias episcopales, en los dicasterios de la Santa Sede), y desde estas posiciones de poder ha influido sobre las temáticas y el lenguaje de las diferentes expresiones del magisterio eclesiástico, y esta influencia se nota (en grado diverso, naturalmente) en todos los documentos del Vaticano II y muchas enseñanzas de los papas del post-concilio. Los papas de este periodo han estado todos condicionados, de una manera o de otra, por esta hegemonía”.

El libro de Radaelli pone en un único hilo conductor a Joseph Ratzinger, al cardenal Carlo Maria Martini y al papa Francisco (el párrafo 33 del libro se titula “Si el herético palíndromo conjeturado en 1967 por el profesor Tubinga (Ratzinger, ndr.), confirmado y perfeccionado en 1988 por un cardenal de Milán (Martini, ndr.), sintetizado finalmente en 2015 por el Papa Francisco, aniquila toda la Iglesia...”). Mientras el párrafo 46 del mismo apunta al Vaticano II y significativamente afirma que “la sociedad líquida nace de una “Iglesia líquida”, es decir, “pastoral”, es decir, hipodogmática, nacida de un Concilio “líquido”, es decir “pastoral”, es decir hipodogmático”. Confirmando así que estas corrientes de pensamiento unidas a un cierto tradicionalismo consideran la secularización una consecuencia directa del Concilio y de aquella “teología progresista” que tiene como exponentes Karl Rahner (elogiado por Juan Pablo II por sus 80 años), Henri de Lubac y Hans Urs von Balthasar (ambos nombrados cardenales por el mismo Papa Wojtyla, como destaca Livi en la introducción).

3 comentarios:

  1. Gracias por su publicación Padre Eduardo. A mi sí me interesa.

    Para mi, el que esta en contra del concilio vaticano II no es católico. Pero, claro, ellos seguirán insistiendo en que son "los auténticos" y utilizando miles de argumentos. En fin...!

    Oremos por el Papa y por todos.
    Dios le bendiga.


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  2. Yo no rechazo ni al concilio ni al papa, creo que es un error que no lleva a más que un sedevacantismo y rebeldía eclesial sin sentido y totalmente anti evangélica, pero considero que si se puede ser críticos y ayudar en la edificación de la Iglesia de nuestro Señor, partiendo de una premisa innegable: la verdad debe ser defendida y que lo que está mal está mal así lo diga el mismo santo padre.
    No nos corresponde juzgar pero si ser consientes de las realidades que vivimos en la Iglesia.

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  3. No me corresponde juzgar a nadie con nombre propio. Cuando oro por el Papa lo hago por Pedro, por su Ministerio y unción, pero con los ojos bien abiertos y prestando atención. Existen Verdades atemporales que son el fundamento de nuestra Fe católica y negarlas, desvirtuarlas o pretender acomodarlas a los tiempos es una temeridad y una ofensa a la inviolabilidad del Evangelio. Soy una mujer creyente común y corriente, nada entiendo de sedevacantismo o lefevrismo, pero sí tengo presente- por Gracia de Dios- aquellas palabras del Señor : "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". Considero que es un riesgo espiritual cualquier clase de manipulación a la enseñanza crística provenga de donde provenga y en la época que sea. Dios proteja a Pedro y haga de Él un pastor dócil a la acción del Espíritu. Y a nosotros también.

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