Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 2 de mayo de 2014

Mes de María, mes de las flores


Estamos en el mes de mayo, tradicionalmente dedicado a la Virgen María. La imagen de arriba nos lo recuerda. Ya hemos dedicado muchas entradas a la Virgen. Hoy les propongo para su meditación una catequesis del papa san Juan Pablo II, que se titula: "María, peregrina de la fe":

La página de san Lucas que acabamos de escuchar [el relato de la Visitación de María a Isabel] nos presenta a María como peregrina de amor. Pero Isabel atrae la atención hacia su fe y, refiriéndose a ella, pronuncia la primera bienaventuranza de los evangelios: "Feliz la que ha creído". Esta expresión es como una clave que nos abre a la realidad íntima de María. Por eso hoy quiero presentar a la Madre del Señor como peregrina en la fe. Como hija de Sion, ella sigue las huellas de Abraham, quien por la fe obedeció "y salió hacia la tierra que había de recibir en herencia, pero sin saber a dónde iba" (Hb 11, 8). 

Este símbolo de la peregrinación en la fe ilumina la historia interior de María, la creyente por excelencia, como ya sugirió el concilio Vaticano II:  "la bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz" (Lumen gentium, 58). La Anunciación "es el punto de partida de donde inicia todo el camino de María hacia Dios" (Redemptoris Mater, 14):  un camino de fe que conoce el presagio de la espada que atraviesa el alma (cf. Lc 2, 35), pasa por los tortuosos senderos del exilio en Egipto y de la oscuridad interior, cuando María "no entiende" la actitud de Jesús a los doce años en el templo, pero conserva "todas estas cosas en su corazón" (Lc 2, 51).

La cima de esta peregrinación terrena en la fe es el Gólgota, donde María vive íntimamente el misterio pascual de su Hijo:  en cierto sentido, muere como madre al morir su Hijo y se abre a la "resurrección" con una nueva maternidad respecto de la Iglesia (cf. Jn 19, 25-27). En el Calvario María experimenta la noche de la fe, como la de Abraham en el monte Moria y, después de la iluminación de Pentecostés, sigue peregrinando en la fe hasta la Asunción, cuando el Hijo la acoge en la bienaventuranza eterna.

La catequesis entera puede ser consultada aquí.

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