Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 8 de octubre de 2018

Rosario bíblico: misterios gozosos


Durante la Edad Media, quienes sabían leer recitaban cada semana los 150 salmos de la Biblia. Los que no sabían leer decían algunas frases de la Biblia de memoria y las acompañaban de un Padre Nuestro. Así hasta 150 veces, para ponerlo en paralelo con los 150 salmos. En una cuerda con nudos tenían marcados los que tenían que rezar en cada hora canónica. Con el tiempo, fue evolucionando hasta nombrar un misterio de la vida de Cristo, seguido por un Padre Nuestro, diez Ave Marías y un Gloria. Este es el origen del rosario.

Aunque una leyenda dice que santo Domingo de Guzmán es el fundador del rosario en el siglo XIII, la verdad es que se rezaba desde mucho antes (él fue devoto de esta práctica y la propagó, pero no la inició). Además, él no lo rezaba como lo hacemos hoy, ya que la forma de indicar cinco misterios seguidos cada uno de ellos por el rezo de un Padre Nuestro, diez Ave Marías y el Gloria solo se generalizó en el siglo XVI.

En nuestros días, el rosario es una meditación en la vida de Cristo, acompañados por María, su madre y su primera discípula. En los misterios gozosos reflexionamos en su concepción, nacimiento e infancia; en los luminosos nos detenemos en su vida pública, desde su bautismo hasta la institución de la eucaristía en la Última cena; en los dolorosos pensamos en su pasión y muerte; y en los gloriosos celebramos su resurrección, su glorificación y la glorificación de su Madre.

Les propongo una meditación bíblica del rosario, intercalando textos bíblicos con las otras oraciones. Hoy nos detenemos en los misterios gozosos, que se rezan normalmente los lunes y los sábados.

Primer misterio. LA ANUNCIACIÓN

Al llegar la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estábamos sometidos a la ley (Gál 4,4). Padrenuestro.

1. El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una Virgen llamada María (Lc 1,26-27). Avemaría.

2. Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre (Lc 1,28.42). Avemaría.

3. Ella se turbó por estas palabras, y discurría qué significaba aquel saludo (Lc 1,29). Avemaría.

4. El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios (Lc 1,30). Avemaría.

5. Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús (Lc 1,31). Avemaría.

6. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y su reino no tendrá fin (Lc 1,32.33). Avemaría.

7. María dijo al ángel: ¿Cómo será esto, pues no conozco varón? (Lc 1,34). Avemaría.

8. El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra (Lc 1,35). Avemaría.

9. Por eso, el niño que nacerá de ti será santo, será Hijo de Dios (Lc 1,35). Avemaría.

10. Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra (Lc 1,38). Avemaría.

Y el ángel la dejó (Lc 1,39). Gloria al Padre...

Segundo misterio. LA VISITACIÓN

Tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible (Lc 1,36-37). Padrenuestro.

1. En aquellos días María se fue deprisa a la región montañosa, a una ciudad de Judá, entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel (Lc 1,39-40). Avemaría.

2. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó de gozo en su vientre e Isabel quedó llena del Espíritu Santo (Lc 1,41). Avemaría.

3. Isabel exclamó gritando: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! (Lc 1,42). Avemaría.

4. Bienaventurada tú que has creído, porque se cumplirá lo que te han dicho de parte del Señor (Lc 1,45). Avemaría.

5. Entonces María dijo: Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador, porque ha puesto sus ojos en la pequeñez de su esclava (Lc 1,46-48). Avemaría.

6. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho en mí cosas estupendas (Lc 1,48-49). Avemaría.
7. Su Nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación (Lc 1,49-50). Avemaría.

8. Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón (Lc 1,51). Avemaría.

9. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes (Lc 1,52). Avemaría.

10. A los hambrientos los colma de bienes y despide vacíos a los ricos (Lc 1,53). Avemaría.

María se quedó con Isabel unos tres meses. Gloria al Padre...

Tercer misterio. EL NACIMIENTO DEL SEÑOR

Salió un decreto del emperador ordenando que se empadronase todo el Imperio, cada cual en su ciudad. José, por ser de la casa y familia de David, fue desde Nazaret a Belén (Lc 2,1-4). Padrenuestro.

1. Encontrándose allí, a María le llegó el tiempo del parto (Lc 2,6). Avemaría.

2. Dio a luz a su Hijo primogénito y lo envolvió en pañales (Lc 2,7). Avemaría.

3. Y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada (Lc 2,7). Avemaría.

4. Había en la misma comarca algunos pastores, que dormían al raso y vigilaban su rebaño por turnos durante la noche. Se les presentó el ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió en su luz (Lc 2,8-9). Avemaría.

5. No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo (Lc 2,10). Avemaría.

6. Hoy os ha nacido en la ciudad de David un salvador, el mesías, el Señor (Lc 2,11). Avemaría.

7. Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que él ama (Lc 2,14). Avemaría.

8. Unos sabios de Oriente se presentaron en Jerusalén, preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? (Mt 2,1-2). Avemaría.

9. Al llegar a Belén, entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre (Mt 2,11). Avemaría.

10. Cayendo de rodillas, lo adoraron, y abriendo sus cofres le ofrecieron oro, incienso y mirra (Mt 2,11). Avemaría.

María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón (Lc 2,19). Gloria al Padre...

Cuarto misterio. LA PRESENTACIÓN DE JESÚS EN EL TEMPLO

Cuando se cumplieron ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron por nombre Jesús (Lc 2,21). Padrenuestro.

1. A los cuarenta días, cumpliendo con la ley de Moisés, subieron al niño a Jerusalén para ofrecerlo al Señor (Lc 2,22). Avemaría.

2. Había en Jerusalén un hombre justo y piadoso, llamado Simeón, que esperaba el consuelo de Israel. (Lc 2,25). Avemaría.

3. El Espíritu Santo le había revelado que no moriría sin ver al mesías del Señor (Lc 2,26). Avemaría.

4. Movido por el Espíritu, fue al templo. Cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que prescribía la ley, le tomó en brazos y bendijo a Dios (Lc 2,27-28). Avemaría.

5. Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz (Lc 2,29). Avemaría.

6. Porque mis ojos han visto a tu salvador, al que has presentado ante todos los pueblos (Lc 2,30-31). Avemaría.

7. Luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel (Lc 2,32). Avemaría.

8. Y dijo a María: Este está puesto en Israel para que muchos caigan o se levanten, y será signo de contradicción (Lc 2,34). Avemaría.

9. Y a ti misma una espada te traspasará el alma (Lc 2,35). Avemaría.

10. Había también una profetisa, llamada Ana, que alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén (Lc 2,36-38).

Cuando cumplieron todo lo prescrito en la ley del Señor, regresaron a Nazaret. El niño crecía en edad, en sabiduría y en gracia (Lc 2,39-40). Gloria al Padre...

Quinto misterio. JESÚS PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO

Cuando (Jesús) cumplió doce años, subieron (a Jerusalén) para la fiesta de Pascua, tal como era su costumbre (Lc 2,42). Padrenuestro.

1. Cuando terminó la fiesta, se volvieron, pero Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran sus padres (Lc 2,43). Avemaría.

2. Al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén, buscándolo (Lc 2,45). Avemaría.

3. Al cabo de tres días, lo hallaron en el templo (Lc 2,46). Avemaría.

4. Estaba sentado en medio de los doctores, escuchándoles y haciéndoles preguntas (Lc 2,46). Avemaría.

5. Todos los que le escuchaban estaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba (Lc 2,47). Avemaría.

6. Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te buscábamos angustiados (Lc 2,48). Avemaría.

7. ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme en los asuntos de mi Padre? (Lc 2,49). Avemaría.

8. Pero ellos no comprendieron lo que les decía (Lc 2,50). Avemaría.

9. Jesús fue con ellos a Nazaret y estaba sujeto a ellos (Lc 2,51). Avemaría.

10. Jesús crecía en edad, en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres (Lc 2,52). Avemaría.

Su madre conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón (Lc 2,51). Gloria al Padre...

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