Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 18 de junio de 2012

La viña de Nabot

En la primera lectura de la misa de estos días estamos leyendo la historia del profeta Elías. Hoy y mañana se lee el relato de la viña de Nabot. Resulta que ese Nabot tenía una viña de la que se encaprichó el rey Ajab, por lo que le pidió que se la vendiera. Como no aceptó, la impía reina Jezabel organizó un juicio apañado, lo condenó a muerte y confiscó sus bienes. Así la viña pasó al rey. Entonces intervino el profeta, denunciando ese comportamiento y maldiciendo a los culpables (lo que más adelante les traerá consecuencias terribles). Elías enseñó hace 2.850 años que el rey y los poderosos están al servicio del pueblo y no al revés y que la autoridad de los gobernantes no es ilimitada, porque ellos también están sometidos a la ley. Una enseñanza actualísima, ¿o no?

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