Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 20 de septiembre de 2019

VIRGEN MARÍA PANAMEÑA


Saludos desde Panamá, tierra acogedora y fraterna. Estos días me encuentro aquí, predicando la novena en honor de la Virgen de la Merced, y quiero compartir con mis contactos esta preciosa representación de María, vestida con el traje típico panameño: “la pollera”.

La pollera, con sus tonos blancos, sus bordados, encajes y volantes, forma parte de la identidad de Panamá. También los pequeños ángeles que acompañan a la Virgen, vestidos de “montuños”, llevan elementos de la indumentaria tradicional panameña. Así, una la Virgen María aparece revestida con los rasgos propios de un pueblo concreto, de su historia, de su sensibilidad y de su manera de expresar la belleza.

La autora, Mona Lisa Fong, pintora y odontóloga, ha querido incorporar también en la obra sus raíces chinas. Bajo los pies de María aparecen figuras demoníacas con rasgos orientales, vencidos y aplastados por la Virgen con el Niño. Todo ello convierte el cuadro en una expresión artística del encuentro de culturas que caracteriza a Panamá: diferentes pueblos, historias y tradiciones que se encuentran y enriquecen mutuamente.

La composición se inspira en la antigua iconografía de las “Vírgenes aladas” o Vírgenes del Apocalipsis. El capítulo 12 del Apocalipsis habla de una mujer «vestida del sol, la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza». La tradición cristiana ha visto en esta mujer una imagen de María, la Madre del Mesías, asociada a la victoria de Dios sobre las fuerzas del mal.

Pero hay algo todavía más importante que los vestidos, los colores, las formas o las tradiciones locales: todas las imágenes de la Virgen María representan siempre a la única María, la mujer concreta de Nazaret, madre de Jesús y madre nuestra. Sea representada en Panamá, en España o en cualquier otro lugar; con un manto sencillo, con una corona, con la pollera panameña o con cualquier otro vestido tradicional, no tenemos muchas Marías, sino una sola Madre.

Para los carmelitas, María es la Madre y Hermosura del Carmelo, la mujer que conserva la Palabra en su corazón, permanece junto a Jesús hasta la cruz y acompaña a la Iglesia en su camino. Su verdadera belleza no está solamente en lo que vemos exteriormente, sino en ese corazón totalmente abierto a Dios.

Por eso, al contemplar esta Virgen panameña, podemos pedirle que nos ayude a reconocer que Dios entra en nuestra historia concreta y que ninguna cultura está lejos de su amor. Que María, revestida aquí con la belleza de Panamá, nos enseñe a revestirnos de Cristo y a caminar, como ella, por las sendas de la fe, la esperanza y el amor.

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