Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 10 de enero de 2015

Un niño "como los demás"


Un niño "como los demás". Este es el título de uno de los capítulos del libro "Jesús de Nazaret" de José Luis Martín Descalzo, que comienza así:

La vida de Cristo —hora es ya de que vayamos comprendiéndolo— es el reino de lo humanamente absurdo. ¿Qué redentor es este que «malgasta» treinta de sus treinta y tres años cortando maderitas en un pueblo escondido del más olvidado rincón del mundo? 

Habrá que decir pronto esto: un Dios que baja a morir trágicamente tiene su poco o su algo de lógica. Una crucifixión es, en definitiva, un gesto heroico que parece empalmar con la grandiosidad que atribuimos a Dios. 

Tampoco desencaja del todo un Dios-hombre dedicado a «seducir» multitudes o a pronunciar las bienaventuranzas. 

Un Dios que expulsa a latigazos a los mercaderes parece un Dios «digno», lo mismo que el que supera los sudores de sangre del huerto y acepta, como un Hércules, el combate y la muerte. 

Sí, lo absurdo no es un Dios que acepta la tragedia de ser hombre: lo verdaderamente desconcertante es un Dios asumiendo la vulgaridad humana, la rutina, el cansancio, el ganarse mediocremente el pan. A no ser que... nos hayamos equivocado de Dios y el verdadero nada tenga que ver con nuestras historias.

Los treinta años de oscuridad no son, pues, un preludio, un prólogo, un tiempo en el que Cristo se prepara —¿cómo se iba a «preparar»?— para hacer milagros y «entrar en su vida verdadera». Son, por el contrario, el mayor de los milagros, la más honda de las predicaciones. 

En rigor tendríamos que decir que fueron estos treinta años la «vida verdadera» de Jesús y que los otros tres fueron, sencillamente, una explicación para que nosotros entendiéramos lo que, sin hechos exteriores, nunca hubiéramos sido capaces de vislumbrar. 

¿O es que pronunciar las bienaventuranzas será más importante que haberlas vivido durante treinta años o hacer milagros será más digno de Dios que haber pasado, siendo Dios, la mayor parte de su vida sin hacerlos? 

Pasar sin detenerse junto a estos treinta años de oscuridad, sería cortar a la vida de Jesús sus raíces, comer el fruto ignorando la savia que lo ha alimentado y formado. 

El silencio es, sí, la más alta de las palabras. Tendremos que escucharlo.

Pueden consultar el capítulo entero en este enlace.

7 comentarios:

  1. Interesante esta reflexión sobre un Dios desconcertante que asume realmente nuestra pobre realidad. Gracias. Por cierto, hoy me voy de viaje y por eso parece que he madrugado más que Fina... Paolo

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  2. ¡¡Ay Paolo!! Por mucho que madrugo, hay dias que ni siquiera puedo sacar tiempo para rezar y visitar el blog, aunque estè convencida de que es lo verdaderamente importante. Menos mal, que el Señor sabe que no son escusas, y que verdaderamente no puedo, y Èl sabe por que.Fina.

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  3. No conocía el libro, gracias. Mirar la vida de Jesús, la pobreza de la nuestra en silencio para darnos cuenta que Jesús ha dado la vida por los hombres.El hombre es imagen de Dios, sobre todo, por la gracia. Entre todos los beneficios que Dios ha dado al hombre, el que asemeja más a Él es la gracia santificante, que se recibe en el momento del bautismo. La gracia nos hace partícipes de la naturaleza divina, elevandonos a la dignidad de hijos de Dios.
    Conchita

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  5. Es muy interesante esta lectura, porque nos da a conocer el contexto social y familiar donde vive Jesús desde sus primeros años. Aparentemente es una infancia sencilla, pero en ella se fragua lo que Jesús será y hará después.
    Conchita, tienes un gran don de palabra.
    Saludos.

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  6. Padre Eduardo me dirijo a usted para saber si hay monjas carmelitas que vivan en el mismo convento y puedan acoger, evangelizar o hacer algún apostolado.

    Perdone si no es el medio adecuado.

    DLB.

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  7. Gracias Padre Eduardo, por darle luz en el blog a este capítulo tan interesante y por insistir en que conozcamos mejor a ese Cristo cotidiano que tenemos que redescubrir cada día . Seguiré leyendo dos, tres o mas veces. Me creo que esos tres años de la vida publica de Jesús son como una explicación para que entendiéramos lo que sin hechos exteriores nunca hubiéramos ni vislumbrado.M.Jose.

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