Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 23 de enero de 2016

Destinados a proclamar las grandezas del Señor


Estamos celebrando el octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos, que este año tiene por lema: “Destinados a proclamar las grandezas del Señor”.

Se celebra del 18 al 25 de enero desde 1908 (aunque en algunos países del hemisferio sur, donde coincide con el periodo de vacaciones, lo aplazan a la semana de Pentecostés). 

300 denominaciones cristianas se unen cada año para orar por la unidad de todos los creyentes en Cristo: católica, ortodoxas, anglicanas, bautistas, luteranas, reformadas, unidas e independientes.

El material de este año ha sido preparado en Letonia y se puede consultar aquí.

Oremos. Dios de nuestro Señor Jesucristo, Padre de la gloria, da a todos los cristianos, especialmente a los que tienen responsabilidad de gobierno en la Iglesia, el espíritu de sabiduría y de revelación, para que con los ojos de nuestros corazones podamos ver la esperanza a la que nos llamas: un solo cuerpo y un solo Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios que es Padre de todos, que todo lo domina, por medio de todos actúa y en todos vive. Amén.

En la audiencia del miércoles 20 de enero, el papa Francisco afirmó: 

El texto de la primera carta de san Pedro que hemos escuchado, centra la reflexión de la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos. El Apóstol se dirige a la primera generación de fieles para que tomen conciencia del don que han recibido por el bautismo. Del mismo modo, todos nosotros, durante esta Semana de Oración, estamos llamados a redescubrir nuestro bautismo, y a hacerlo juntos todos los cristianos, católicos, protestantes y ortodoxos, dejando atrás lo que divide.

Compartir el Bautismo significa que todos somos pecadores y que necesitamos la salvación que Dios nos ofrece, todos experimentamos la misma llamada a salir de las tinieblas e ir al encuentro de Dios lleno de misericordia. Precisamente en el bautismo, nos sumergimos en la fuente de la misericordia y de la esperanza, de la que nadie está excluido, esta experiencia de gracia crea un vínculo indisoluble entre los bautizados, de modo que nos consideremos realmente hermanos y miembros de un solo pueblo de Dios, capaz de anunciar las maravillas que él ha obrado a partir del testimonio sencillo y fraterno de la unidad, así como del compromiso mutuo de poner en práctica las obras de misericordia corporales y espirituales, realizando nuestra común misión de transmitir a los otros la misericordia que hemos recibido, empezando por los pobres y abandonados.

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