Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 10 de agosto de 2014

Le entró miedo y empezó a hundirse (Mt 14,30)


Cuando Pedro se fía de Jesús y pone en él su mirada, es capaz de superar todos los obstáculos y hasta de caminar sobre las aguas. Cuando Pedro se fía solo de sus propias fuerzas y comprueba que las dificultades son muchas, entonces se siente débil y se hunde en el mar.

Jesús le pregunta: "¿Por qué has dudado?" Esa es la clave del hundimiento de Pedro. Su fe se hizo débil y dudó. Pedro amaba a Jesús, se fiaba de él, pero ante la fuerza de la tormenta, su confianza se tambaleó.

De todas formas, Jesús no permitió que Pedro se ahogara. En cuanto el discípulo gritó: "Señor, sálvame", Cristo intervino para sacarle del agua.

La historia de Pedro es mi historia, es la historia de cada creyente. Cuando nos fiamos de Jesús, somos fuertes y podemos caminar sobre las aguas, cuando nuestra fe se debilita, nos hundimos, cuando clamamos al Señor, él interviene y nos saca de la angustia. 

Así, una y otra vez. Hasta que superados todos los temores podamos arrojarnos definitivamente en sus brazos y vivamos su vida para siempre, tal como canta este himno de la liturgia:

Cuando la muerte sea vencida
y estemos libres en el reino,
cuando la nueva tierra nazca
en la gloria del nuevo cielo,
cuando tengamos la alegría
con un seguro entendimiento
y el aire sea como una luz
para las almas y los cuerpos,
entonces, solo entonces, estaremos contentos.

Cuando veamos cara a cara
lo que hemos visto en un espejo
y sepamos que la bondad
y la belleza están de acuerdo,
cuando, al mirar lo que quisimos,
lo veamos claro y perfecto
y sepamos que ha de durar,
sin pasión, sin aburrimiento,
entonces, solo entonces, estaremos contentos.

Cuando vivamos en la plena
satisfacción de los deseos,
cuando el Rey nos ame y nos mire,
para que nosotros le amemos,
y podamos hablar con él
sin palabras, cuando gocemos
de la compañía feliz
de los que aquí tuvimos lejos,
entonces, solo entonces, estaremos contentos.

Cuando un suspiro de alegría
nos llene, sin cesar, el pecho,
entonces -siempre, siempre-, entonces
seremos bien lo que seremos.

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