El "Tota pulchra" es un susurro antiguo que la Iglesia eleva, casi con asombro, ante la pureza de María. Es canto que nace del corazón creyente al contemplar a una mujer totalmente abierta a la luz, sin sombra alguna. «Tota pulchra es, Maria»: toda hermosa, porque toda entregada, toda disponible al amor que la creó. Su belleza no es adorno ni apariencia, sino transparencia: en ella Dios puede reflejarse sin estorbo.
Eres gloria de Jerusalén y alegría de Israel: en ti florece la esperanza de siglos, la promesa que aguardaba un pueblo cansado. Eres honra de nuestro pueblo, porque en tu vida humilde Dios muestra que lo pequeño puede ser casa para lo infinito. Eres abogada de los pecadores, madre que se inclina.
Que, al escuchar el "Tota pulchra" aprendamos a dejarnos purificar por la luz divina que te embelleció a ti desde el principio, para que también en nosotros pueda nacer Cristo. Amén.
Esta es la letra tradicional, en latín y en español:
Tota pulchra es, Maria. (bis)
Et macula originalis non est in te. (bis)
Tu gloria Ierusalem, tu laetitia Israel,
tu honorificentia populi nostri, tu advocata peccatorum.
O Maria, o Maria, Virgo prudentissima,
Mater clementissima ora pro nobis.
Intercede pro nobis ad Dominum Iesum Christum.
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Toda hermosa eres, María,
Toda hermosa eres, María,
y no hay en ti pecado original.
Tú eres la gloria de Jerusalén, tú (eres) la alegría de Israel,
Tú (eres) la honra de nuestro pueblo,
Tú (eres) la honra de nuestro pueblo,
tú (eres) la abogada de los pecadores.
Oh, María, Virgen prudentísima,
Madre clementísima, ruega por nosotros.
intercede por nosotros ante nuestro Señor Jesucristo.
intercede por nosotros ante nuestro Señor Jesucristo.
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