Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 30 de diciembre de 2025

Santa María, Madre de Dios. Historia y significado de la fiesta


Nos preparamos para celebrar la solemnidad de santa María, Madre de Dios, el 1 de enero. Hablemos de la historia y significado de esta fiesta.

Se trata de una celebración profundamente cristológica: al confesar a María como "Theotokos" (Madre de Dios), la Iglesia proclama la verdad central de la fe, que el niño nacido de ella es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre.

La devoción a la Virgen María acompaña a la Iglesia desde sus orígenes. Los escritos más antiguos del cristianismo hablan de ella siempre en referencia a Cristo: es la mujer que creyó, la sierva que acogió la Palabra y permitió que la gracia de Dios transformara su vida. 

Durante los primeros siglos, la liturgia cristiana se concentró casi exclusivamente en la celebración dominical y en la Pascua anual. No existían todavía fiestas específicas dedicadas a María.

El punto de inflexión llegó con el concilio de Éfeso (431), que proclamó solemnemente que María es Madre de Dios, no porque ella sea origen de la divinidad del Verbo, sino porque el que nació de su seno es una única persona divina. Esta definición protegía la fe en la verdadera encarnación del Hijo de Dios. A partir de entonces comenzó a difundirse una celebración anual en honor de la Madre de Dios. En Roma se fijó el 1 de enero con el nombre de "Natale Sanctae Mariae", mientras que otras liturgias antiguas situaron celebraciones semejantes en fechas cercanas: la sinaxis bizantina del 26 de diciembre, el rito copto el 16 de enero o la liturgia mozárabe el 18 de diciembre.

Con el paso del tiempo, la multiplicación de fiestas marianas hizo que la de la maternidad divina perdiera relieve, aunque el 1 de enero conservó abundantes referencias a María en los textos litúrgicos. En 1931, Pío XI restauró la fiesta con motivo del 1500 aniversario del concilio de Éfeso, situándola el 11 de octubre. Finalmente, san Pablo VI, en fidelidad a la tradición más antigua, devolvió al 1 de enero su carácter mariano, consagrando el último día de la octava de Navidad a María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

La liturgia del día desarrolla dos grandes temas:
- El primero es la identidad del Hijo de María: el nacido de mujer es el Hijo eterno del Padre. 
- El segundo es su inserción en la historia de la salvación: al nacer de María, Jesús se sitúa en la descendencia de Israel y cumple las promesas hechas a los profetas: «Ha brotado un renuevo del tronco de Jesé… la Virgen ha dado a luz al Salvador».

Desde 1967, Pablo VI quiso que este día se celebrara la Jornada Mundial de la Paz. No es una simple coincidencia: en el nacimiento de Cristo, anunciado por los ángeles como «paz en la tierra», ha irrumpido en la historia el «Príncipe de la paz» (Is 9,5). Celebrar a María, Madre de Dios, al comenzar el año, es acoger a Cristo como nuestra paz y comprometernos a ser, en medio del mundo, instrumentos de esa paz que no tendrá fin.

1 comentario:

  1. Que el plan de Dios se siga cumpliendo en cada una de nuestras familias.
    Bienvenido 2026, qué día con día recibamos dirección y bendiciones del Amado. 🔥

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