Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 18 de diciembre de 2025

Síntesis del camino espiritual según san Juan de la Cruz


Los cuatro grandes tratados de san Juan de la Cruz ‒Subida del Monte Carmelo, Noche oscura del alma, Cántico espiritual y Llama de amor viva‒ forman un conjunto orgánico y ofrecen una propuesta seria y profunda de la vida espiritual cristiana.

La "Subida" traza el mapa del camino, mostrando que solo el vaciamiento de los apetitos, la libertad interior y la práctica de las virtudes teologales permiten al alma disponerse para la unión con Dios. En lenguaje sanjuanista, se trata de las noches activa y pasiva del sentido: el trabajo ascético de purificación que el creyente emprende con ayuda de la gracia y la acogida con serenidad de las contrariedades de la existencia.

La "Noche" describe ese mismo proceso desde otra óptica: no tanto como esfuerzo humano, sino como purificación pasiva y misteriosa obra de Dios, que guía al alma en tiniebla hacia la luz. En lenguaje sanjuanista, se trata de las noches activa y pasiva del espíritu: la perseverancia en la práctica de las virtudes teologales y la acción purificadora que Dios realiza en el alma por distintos medios.

El "Cántico espiritual" abre una nueva perspectiva: el itinerario no se contempla desde la renuncia o la purificación, sino desde la atracción del amor. El alma enamorada «sale» en búsqueda del Amado, se desposa con él (se trata de encuentros profundos, aunque pasajeros) y avanza hacia el matrimonio espiritual (experiencia de unión firme y estable).

La "Llama de amor viva" no habla ya de búsqueda, purificación o encuentros temporales, sino de plenitud consumada: el alma, abrasada en el amor del Espíritu Santo, vive de manera habitual en un estado de comunión gozosa y fecunda con la Trinidad.

Así, el itinerario espiritual que san Juan presenta describe un arco completo: va desde la negación y la noche hasta la unión y la llama viva de amor, desde el despojo radical hasta la plenitud de vida divina. Cada obra responde a un punto de vista del mismo proceso, y todas juntas forman un edificio armónico donde se integran la pedagogía ascética, la experiencia mística y la audacia poética.

Esta progresión revela una intuición fundamental: la transformación espiritual no es principalmente obra del esfuerzo humano, sino fruto de la acción amorosa de Dios en el alma que se dispone, porque él siempre respeta nuestra libertad y quiere nuestra colaboración, aunque lo que podamos ofrecerle sea tan poco como «una monedilla» (Dichos de luz y amor) o «un cabello» (Cántico). De todas formas, el principal protagonista siempre es Dios. El ser humano tiene que aprender a dejarse amar y transformar por él.

San Juan de la Cruz ofrece al lector una teología en verso y en prosa que, cinco siglos después, sigue iluminando a creyentes y buscadores. No ofrece una teoría abstracta, sino un testimonio vivo de lo que significa dejarse transformar por Dios: un camino exigente, pero coronado por la libertad interior y el amor consumado.

Sus obras constituyen no solo un clásico de la literatura universal, sino principalmente una invitación a recorrer con confianza su mismo itinerario: del despojo a la libertad, de la noche a la luz, del deseo humano a la comunión plena en el amor divino.

San Juan de la Cruz, místico, poeta y teólogo, sigue siendo un referente universal del espíritu humano. Sus versos, nacidos de la experiencia y pulidos con arte, trascienden el tiempo y las fronteras culturales. Siguen ardiendo como brasas encendidas: interpelan al creyente y conmueven al artista.

En ellos, la palabra humana toca lo divino y deja abierto un horizonte de infinito. Por eso, su obra no es solo patrimonio del cristiano, sino tesoro de la humanidad: una demostración luminosa de que el ser humano está llamado a la trascendencia y es capaz de alcanzarla.


Texto tomado de mi libro Eduardo Sanz de Miguel, «Luz en la noche del alma. Vida y legado de san Juan de la Cruz». Grupo editorial Fonte, Burgos 2025, páginas 210-212.

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