Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 15 de febrero de 2026

SAN JUAN DE LA CRUZ ORANTE. Cómo ora, dónde ora, qué ora


Hablar de san Juan de la Cruz como orante es entrar en el corazón de su experiencia y de su enseñanza. No se le comprende si se le reduce a reformador audaz, poeta sublime o teólogo profundo. Todo eso fue, pero ante todo fue un hombre de oración, configurado por un trato continuo, amoroso y transformante con Dios. 

El místico carmelita no escribió un tratado sistemático sobre la oración ni ofreció métodos o clasificaciones detalladas. Sin embargo, su doctrina ha iluminado durante siglos la vida espiritual de innumerables creyentes, porque no pretende enseñar técnicas, sino engendrar orantes; no instruir sobre cómo hacer oración, sino mostrar cómo llegar a serlo.

Su enseñanza nace de la experiencia. Escribe desde una vida atravesada por la noche, la purificación y la unión. Por eso, para comprender su doctrina sobre la oración es necesario contemplar también su biografía. Sus contemporáneos lo describen como “persona de altísima oración”, alguien que no vivía momentos aislados de recogimiento, sino cuya existencia entera estaba unificada por la presencia de Dios. Oraba en la celda y en el camino, en la cárcel y en la naturaleza, en la alegría y en la incomprensión. 

En el centro de su vida orante siempre está Cristo, su Amado, a quien pertenece y por quien se deja transformar.

Su modo de orar se caracteriza por la desnudez interior. La oración no consiste en acumular pensamientos o emociones, sino en vaciar el corazón para que Dios lo llene. Insiste en la purificación de los apetitos, porque el corazón dividido no puede acoger plenamente al Amado. La oración no se mide por palabras o sentimientos, sino por la orientación del deseo y la práctica concreta del amor. 

Obrar el bien, perseverar en la fe, aceptar la cruz y perdonar son formas auténticas de oración. De ahí su insistencia en perseverar incluso en la sequedad: la noche purifica y conduce a una fe más desnuda y a un amor más gratuito.

El contenido de su oración es la búsqueda del Reino y la voluntad de Dios. No se centra en pedir consuelos, sino en disponerse a la unión transformante con él. Esta confianza en la providencia convierte la oración en abandono filial.

Para san Juan, se ora en todo lugar y tiempo. La naturaleza, el trabajo y el trato fraterno son ámbitos de encuentro con Dios. La oración culmina en una vida transformada por el amor. “Donde no hay amor, ponga amor y sacará amor”: esta sentencia resume su mística encarnada. 

Fary Juan no ofrece fórmulas, sino un camino: hacer de toda la vida una oración continua, hasta que el ser humano entero sea alabanza y entrega.

Resumen de un artículo escrito por mí para el último número de la revista "Orar" (número 332, año 2026,1, páginas 11-15).

1 comentario:

  1. Oremos en todo momento. Que lindo !
    Dios no se fija en los ambientes exteriores, espera las palabras salidas del silencio del alma.

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