Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 26 de febrero de 2026

PADRE, HA LLEGADO LA HORA. Canto y reflexión cuaresmal


En estos primeros días de Cuaresma, esta canción nos sitúa en el umbral del misterio pascual: es la oración de Cristo cuando siente que “ha llegado la hora”. Es la hora de la entrega, la hora del amor llevado hasta el extremo, la hora en que el Hijo se abandona confiadamente en las manos del Padre.

“Quien se ama a sí mismo, su propia vida perderá”. Estas palabras nos confrontan con el núcleo del evangelio. Vivimos en una cultura que nos invita a conservar, asegurar y proteger la propia vida y los propios bienes a toda costa. Jesús, en cambio, nos revela el secreto paradójico de la fecundidad: la vida se encuentra cuando se comparte y se entrega. 

La Cuaresma es precisamente este aprendizaje: pasar del amor centrado en uno mismo al amor que se dona. No se trata de despreciar la vida, sino de dejar que sea transformada por el amor.

El estribillo (“Padre, ha llegado la hora… Padre, líbrame de esta angustia… Padre, glorifica tu nombre”) nos introduce en el corazón orante de Cristo. No es un héroe impasible. Siente angustia. Tiembla ante el sufrimiento. Pero su oración no termina en el miedo, sino en la confianza. La gloria del Padre se manifiesta cuando el Hijo se abandona plenamente a su voluntad. 

En Cuaresma, también nosotros aprendemos a decir: “Padre, glorifica tu nombre en mi vida”, incluso cuando el camino pasa por la cruz.

“Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”. Esta imagen ilumina todo el tiempo cuaresmal. El grano que cae en tierra desaparece, queda oculto, parece perdido. Así son nuestras renuncias, nuestros silencios, nuestras pequeñas muertes cotidianas: actos discretos, escondidos, que sin embargo contienen una promesa de resurrección. La Cuaresma nos invita a aceptar esa lógica humilde y fecunda.

Finalmente, “El que quiera servirme, que me siga”. Caminar unidos a Jesús en Cuaresma no es simplemente acompañarlo con devoción; es seguirlo en su camino de obediencia y servicio. Seguirlo significa entrar en su misma dinámica de amor al Padre y de entrega a los hermanos. Y la promesa es clara: “Aquel que me sirve, mi Padre lo honrará”. La gloria no es el aplauso del mundo, sino la comunión con el Padre.

Al inicio de este tiempo santo, esta canción puede convertirse en nuestra propia oración. Que cada vez que escuchamos “Padre, ha llegado la hora” sea para nosotros un acto de confianza. Que cada renuncia sea semilla. Que cada paso, incluso entre sombras, sea dado unidos a Jesús, el grano que muere y resucita para dar vida al mundo.

Canta Geraldine Sosa. Esta es la letra:

Quien se ama así mismo, su propia vida perderá, 
pero, quien se entrega a los demás, vida eterna alcanzará.

Padre, ha llegado la hora.
Padre, líbrame de esta angustia.
Padre, glorifica tu nombre.
Padre, ha llegado la hora.

Si el grano de trigo, no cae en la tierra morirá; 
pero si el grano muere, fruto abundante dará.

Padre, ha llegado la hora.
Padre, líbrame de esta angustia.
Padre, glorifica tu nombre.
Padre, ha llegado la hora.

El que quiera servirme, que me siga -dice el Señor-, 
y a aquel que me sirve, mi Padre lo honrará.

Padre, ha llegado la hora.
Padre, líbrame de esta angustia.
Padre, glorifica tu nombre.
Padre, ha llegado la hora.

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